LA PASION SEGUN ANDER

La pasión según Ander
Nicolás Grandi

 

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Un campo de centeno intensamente amarillo que recuerda a Van Gogh, o mejor, a la mirada de Kurosawa sobre un cuadro de Van Gogh, se instaura como marco de La pasión según Ander, transformándose en imagen axial en donde una voz en off absorbe la interpretación. Ese campo es la salida, la esperanza, el domingo de resurrección que resuelve y da sentido a una vida que se constituye en largo sábado de espera.
En ese permanente movimiento de búsqueda de una línea de fuga, lo único que da un (precario) sentido al largo sábado es el arte, protagonista absoluto que absorbe como un vórtice y estiliza en forma extrema la experiencia vital, no sólo por el planteo estético del film sino por la construcción de un mundo extremadamente codificado cuya simbología sólo puede resolverse en la recuperación de las referencias continuas a la esfera del arte mismo.
Esta autorreferencialidad es, tal vez, lo que en mayor medida logra generar una atmósfera asfixiante y claustrofóbica que sostiene el planteo teórico. De esta forma, el campo de centeno, que en principio
pareciera remitir a la idea de salida, de extensión inacabada, de espacio ideal (tal es, por otra parte, el planteo de la novela de Salinger, El guardián entre el centeno, a la que este campo alude), desliza su simbolismo hacia lo estático, se transforma en un cuadro de museo de la misma manera en que, a través de una ventana, lo hace el mar, otro de los espacios de apertura por excelencia.
En este mundo de codificaciones extremas no hay una taza, un reloj titilante o una ventana abierta que estén fuera de lugar. Y ese orden absoluto y agobiante desplaza a los personajes de cualquier lugar de
estabilidad posible, los conduce a la incomunicación más absoluta, a los cruces de silencios, los monólogos extraídos de otros films, las miradas perdidas y nunca encontradas, una soledad profunda y existencial. Y es que todo lo que esté por fuera del arte se convierte en un sinsentido, murmullo absurdo que nada dice. Ante la impostura de la vida es preferible callar o, más bien, hacer de la vida un silencio, un silencio absoluto, plagado de voces y de ruidos, un silencio sólo logrado por el arte. El silencio pensado por Herzog en El enigma de Kaspar Hauser que, como cita última, cierra La pasión
según Ander: "Ojalá que cuando preguntemos qué es ese ruido alrededor nuestro nos respondan: es el silencio. Es el silencio".
La pasión según Ander
Nicolás Grandi
Argentina, 2004. 35 mm. 75 minutos.
Intérpretes: Franco Di Plácido, Alejo Godoy, Gabriel Lima, Coralia Ríos.
Arte: Martín Ameztoy, Juan José Firpo, Gabriela Romero y Brenda Young.
Makeup: Sixto Javier Valdés Scull.
Asistente de dirección: Natalia Toussaint.
Sonido: Ricardo Sotosca y Natalia Toussaint.
Producción: Nicolás Grandi.
Asistente de producción: Javier Tevelez.
Cámara: Fernando Locket.
Asistente de cámara: Ignacio Chaneton