Biografías

 

Existen muchas versiones de la historia, convertida en leyenda, del profesor Sir Jhonathan Wembley; Esto se debe a un confuso mundo de ficciones, a una espesa telaraña de especulaciones, que el propio Sir Jhonathan, en el transcurso de su vida, se encargó de alimentar; Y es que a este paladín de la ciencia, a este archiduque del pensamiento positivo, a este genial proxeneta, le divertía superlativamente hacer circular falsas biografías sobre su célebre persona que los distintos medios de comunicación (revistas científicas, revistas del corazón, revistas científicas del corazón, etc.) prontamente se encargaron de diseminar por los cinco continentes; A las inventadas por él se suman las inventadas por los noticieros; Estas biografías nunca confirmadas, fueron ávidamente consumidas por sus fans de todos los tiempos y fueron pilares fundamentales en la constitución del mito Wembley; 

Cuando algún periodista, intentando corroborar datos de su vida, le preguntaba a Sir Jhonatan, éste,  esforzándose por ser verdaderamente desagradable, reía a la vez que exclamaba: “¡Necios!, ¡Negros! ja ja ja ja ja aj aghj jj ajj khghkj” y se ahogaba; Los periodistas se veían obligados entonces a golpearle la espalda (tarea que realizaban con mayores ímpetus de los necesarios) dejándole a veces auténticos moretones;

Hoy día gran cantidad de países alrededor del mundo se disputan sus restos, presos de una Wembley-manía en la que todos quieren ser connacionales del hombre, al cual la revista “People” llegó a considerar como un “científico rebelde que supo transgredir todas las barreras culturales, para conquistar al mundo con su genio;” En forma no menos grandilocuente la “Muy interesante” de agosto dijo de él: “Marcó una era; Le puso nombre al caos, y ese nombre sería, desde entonces y para siempre, Wembley;”

 

A continuación reproducimos algunas de las biografías que Sir Wembley recopiló en el libro “Las mejores biografías de mi vida”; Hemos elegido las que se leerán, por ser las más verosímiles, y porque son las únicas de las cuales se ha podido verificar algún que otro dato;  

 

Biografía de Sir Jhonathan Wembley:

 

Nació el 5/5/65 en Burdeos; Hijo de la diva de varieté Lola Lantz y de Joseph Wembley, dueño, este último, de la fábrica de escarbadientes Wembley and Sons; Fue nieto del genial dibujante Walter Lantz que allá por los años ´70 sorprendía al mundo con sus alocadas animaciones en las que brillaban personajes de la talla de Loquillo, Chilli Willy, Andy Panda y Andy Warhol;

 

De pequeño, Jhonathan demostró grandes aptitudes para el estudio de las ciencias; Torturaba reptiles, fabricaba bombas, hacía estudios sociológicos; Sin embargo, la vocación científica del hijo desagradaba al viejo Wembley, quien quería verlo al mando de la fábrica de mondadientes; Joseph, con un infaltable palillo en la boca y con las encías demasiado rojas e irritadas, no podía evitar manifestar su enojo; Las disputas se sucedían día tras día creciendo en violencia hasta que finalmente, una tarde tormentosa, mientras terminaban de comer un asado en el quincho de la terraza, una muy dura discusión entre padre e hijo provocó la irremediable ruptura; Antes de abandonar su hogar para irse a vivir con el abuelo Walter, Jhonathan Wembley le habló a su padre por última vez: “Escarbarse los dientes siempre me pareció una costumbre muy mucho desagradable que refleja una total falta de educación y decoro; Jamás aceptaré como mía esa ignominiosa fábrica de vulgaridad; ¡Jamás!”

En el año 1990, el joven Wembley se doctora en la Sorbona como antropólogo forense y un año más tarde Oxford lo bendice como semiólogo; Su primer trabajo de investigación fue “Los insultos, las drogas y el Establishment”; Esta divertida monografía apareció publicada en el semanario científico marxista “Fuck you God”, editado entonces por el hoy líder neonazi Gerard Black; “Los insultos...” cosecha muchos premios y aplausos, pero Wembley se siente cansado del ambiente académico y decide abandonar la actividad científica que retomaría recién al cabo de largos años; En el ínterin se dedica al deporte (tenis, fútbol, natación y golf entre otros), trabaja en películas pornográficas, recorre el mundo en yate-jet y gana un Grammy con su canción “I miss you”, ecléctica fusión de ritmos africanos y melodías galesas, que graba con la orquesta sinfónica de Viena y en la que el cantaor flamenco Pele Rodriguez, “el niño”, hace la primera voz, aceptando el desafío de cantar en inglés sobre los ácidos arpegios del guitarrista Heavy Metal Roy Orson;

En el año 2000 visita Bs. As. y entra en contacto con los “proyectistas”; Estos jóvenes que se declaraban incapaces de realizar, ni siquiera uno, de toda una gran serie de proyectos que habían elaborado, llamaron enseguida su atención; Lo obsesionaron; No le entraba en la cabeza, a él que no podía parar un segundo de hacer cosas, que alguien no pudiera llevar a cabo ningún emprendimiento;

Cuentan que Wembley se paseaba pensativo por el puerto; En el cielo nubes negras amenazaban desatar una tormenta eléctrica; De repente se detuvo, sacó el Grammy del bolsillo interior de su chaqueta y lo miró un instante para después arrojarlo al Río de la Plata, en cuyas aguas se sumergió como un meteorito incandescente; Mientras la tormenta se desataba, Sir Jhonathan Wembley se ponía de nuevo su traje de investigador y eufórico gritaba: “Académicos del mundo, vuestro hijo pródigo ha vuelto Jajaja”; Diez años más tarde tendría lista su obra maestra, “Proyecto proyectos”, libro que recorre el sinuoso universo de los proyectistas intentando encontrar respuestas a su comportamiento;

 “(...) “Proyecto proyectos”  es una cruzada contra la apatía; Un canto de esperanza para un mundo que se consume en el impúdico caldo de la desidia”, declararía el profesor Wembley, la noche de la presentación en sociedad de su obra; El libro fue un éxito sin precedentes en la historia de la industria editorial; 

Para Wembley empezaría entonces una prolífica carrera de escritor;

En el 2020  publica “Mis anteojos en una radiografía de tus tetas”, novela histórica que recorre los días previos a la caída del Muro de Berlín, a través de la escéptica mirada del cándido cirujano plástico alemán Foswald Ulrich, famoso por sus olvidos en el quirófano; Con esta novela Wembley logra poner de moda en Europa el americanismo “huasca”, palabra que es repetida en todas sus variantes (me lleva la huasca, huasconsio, huasqueado, huascupedo, etc.)  por la mucama argentina del doctor Ulrich; Tan famosa como el “Hasta la vista baby” de Arnold Schwarzeneger, o el “Sólo sé que no sé nada” de Sócrates, es la no menos ilustre frase en el final del capítulo cuarto de “Mis anteojos...”: “Prenda el televisor, doctor, parece que están tirando el muro a huascasos;”[1]

Un año más tarde, el 18/09/2021, Wembley es asesinado; A las 17:00 horas de ese trágico día, un fundamentalista islámico irrumpe drogado en el estudio en el que Jhonatan graba “Los manjares de Wembley”, su micro de cocina para televisión, y le pega un sartenazo en el cuello al grito de “Muera John Lennon y/o Yoko Ono”, interrumpiendo para siempre un batido a nieve, una torta y una vida sobresaliente;

 

Dentro de la obra que Wembley nos ha dejado se destacan:

-         La colección de relatos infantiles “Caperucita colectivera”, cuyo exponente más acabado es “Caperucita colectivera atropella un borracho y se sonríe entre irónica y satisfecha;”(2015)

-         El teleteatro “Un día de estos te cago a trompadas” emitido por la televisión brasileña; Fue protagonizado por una veterana Xuxa y un decrépito y caduco Roberto Carlos quien, desde una silla de ruedas y con una bolsa de suero en la mano, no tenía ningún problema en cantar, con la misma energía de siempre, la cortina musical del programa cuyo estribillo decía:

 

                     Un día de estos te cago a trompadas

                     Cuándo aprenderás a hacer empanadas

                     Un día de estos te cago a trompadas

                     Vas a ver lo macho que soy;

 

-         “Perros, jubilados y ritos satánicos”, tratado de oscurantismo escrito en colaboración con George, el brujo esquimal, y que originalmente iba a llamarse “Satánico perro jubilado”; 

 

Biografía del Profesor Jhonathan Timoteo Wembley

Era una persona multifasética; Combinaba sin ningún problema la plomería con el negocio del espectáculo, como puede deducirse del siguiente aviso clasificado que salió publicado en un importante diario de la capital urraquera “El profesor Wembley te lustra el caño y anima tu fiestita”; Fue un gran amigo de “el payaso Pepino”, por medio del cual conoció a quien más tarde sería su esposa, la Momia Blanca; Los casó el mismísimo Martín Karadajián en la recordada boda en el Luna Park; Tristemente, la relación no prosperó y se divorciaron al cabo de tres años; Esto deprimió a Wembley quien decidió comenzar la peregrinación que, aunque en ese momento no lo sabía, lo llevaría a encontrarse con los proyectistas; Vagó sin rumbo por lugares sin rumba; Comió fideos sin salsa; Muchas veces estuvo a la par con el rap; Dobló muchas esquinas; Se durmió en un colchón de resortes y escupió un zapato viejo; Finalmente en un bar de Barrancas de Belgrano vio un barómetro que le dijo “Buen tiempo”; “¿Buen tiempo para qué?” se preguntó; En ese mismo instante escuchó detrás de él la indignada réplica de un joven, quien dirigiéndose al instrumento de medición dijo “¿Qué sabés vos lo que es el buen tiempo? ¿Por qué no te vas a la mierda?”; Al darse vuelta y observar al muchacho por un momento, se dio cuenta de que no se trataban de preguntas retóricas, ya que éste se encontraba mirando fijamente el barómetro, desafiándolo a dar respuestas a los interrogantes que él consideraba acertadamente formulados; Así nació una relación que dio frutos duraderos aún al día de hoy; El barómetro se puso rojo de vergüenza y luego se convirtió en un árbol de ensalada de fruta; El muchacho, que no era otro que Manuel Proyectista, sintió que un orgullo lo invadía y reclamó ante la ONU por su soberanía; El Consejo de Seguridad resolvió enviar tropas para detener la invasión; Asombrado, Wembley, contemplaba esta escena sin poder dar cuenta de cuanto veía; Se hizo profesor y compró un pequeño título de nobleza; Concluyó así su peregrinación por el mundo en busca de respuestas y se decidió a iniciar su obra maestra: convertirse en maestro mayor de obra; Su tesis de licenciatura fue sobre los proyectistas, la cual le valió un premio Nobel en una categoría que no existía hasta ese momento; Se llenó de orgullo y pensó una vez más en Manuel;

Creo que estos son los datos más importantes para entender a Wembley pero para complacer a los más quisquillosos doy algunos más; Nació en 1939 en Florida; No tuvo padres, tuvo uno solo, pero por suerte venía acompañado por una madre(L); Lo quisieron mucho, pero cuando lo tuvieron se decepcionaron; Como los chicos con un juguete nuevo, al principio lo usaban siempre, pero al poco tiempo se aburrieron, y cuando compraron a Teddy, el primer osito interactivo, guardaron a Wembley en la parte de arriba del placard;

Ahora sí creo que no tengo nada más que agregar;

 

[Proyecto proyectos, p. 9 – 13]

 

Perfil Psicobiológico;

 

Algunos aspectos a tener en cuenta a la hora de reconocer un proyectista

 

Es difícil verlos, pero más difícil es reconocerlos si se los ve; Sólo el ojo más entrenado unido a la mente mejor preparada puede distinguir los indicios que permiten sospechar un proyectista; La tarea es extremadamente complicada porque su característica principal, que determina todas las demás que puedan adjudicárseles, es el devenir; No puede reconocerse en ellos una esencia inmutable, y si acaso, forzando los términos, se pretende otorgarles una, ésta sería la transformación y el cambio (incluyendo dentro de la transformación la permanencia, y dentro del cambio la estaticidad); Más que de características habría que hablar de tipo de características, o, con mayor propiedad, de cierto estilo de procesos dinámicos inaprensibles que las moldean aproximándolas a alguna clase de denominador común, casi imperceptible; Tal vez estos mecanismos sean lo único que nos pueda permitir “definir” de alguna manera a los proyectistas, aunque siempre recordando que cualquiera de ellos se puede dar en cualquier combinación, por lo que no debe tomarse ningún criterio como definitivo; En rigor, los únicos legítimamente capaces de realizar el reconocimiento son los propios proyectistas; El efecto no es muy distinto del que provocaría declarar a alguien arbitraria y dogmáticamente como proyectista, para luego definir todos sus dichos y actos como características de un proyectista; El mecanismo es aún más incomprensible si se tiene en cuenta que lo que los proyectistas decían o hacían en una ocasión, frecuentemente era contradicho en un momento distinto, por lo que las cosas que eran características de ellos en determinado contexto, dejaban de serlo en otro; La frustración por entenderlos aumenta si se agrega, además, que a un mismo tiempo lo que era una característica en un proyectista, no lo era en otro de la misma especie y ni siquiera en el mismo; Al instarlos a dar cuenta de esta contradicción, se limitaban a sonreír divertidos y decir: “Si sos proyectista, ya está; no hay nada que preguntar, hacés lo que te pinta y ya fue; No sé qué es un proyectista, ni me es dado saberlo puesto que tan sólo soy uno; Si acaso fuera científico, tal vez podría construir definiciones y categorías para clasificar la realidad de maneras más o menos fijas y que sirvan a mis propósitos; Sin embargo, probablemente me encontraría en un atolladero insalvable si tratara de hacerlo siendo tan pelotudo como usted, mi bienamado Wembley;” A estas alturas el lector ya podría inclinarse por creer que se trataba de una cerrada secta que admitía a quien quería sin importarle seguir ningún criterio; Sin embargo hay dos hechos que desmienten esto; El primero consiste en que, a pesar de lo que pueda suponerse, el grupo aumentaba continuamente su número de miembros, y no tenía restricción alguna en cuanto a compartir sus “secretos”, lo que refutaría lo de “cerrada secta”; El segundo hecho respecta a la unanimidad con que se nombraba a alguien proyectista, lo que permite dudar de que no hubiera “ningún criterio”; Interrogados por separado respecto a distintas personas, no vacilaban ni un instante, y al comparar las respuestas dadas por varios proyectistas, las coincidencias eran del cien por ciento; Esto nos autoriza a suponer la existencia de un mecanismo concreto, aunque inaccesible a los legos, que distingue a los proyectistas; De todas maneras, no les vendría tan mal que los haga cagar a palos por hacerse los interesantes y romperme las pelotas; Dónde se ha visto, “...si sos proyectista no hay nada que preguntar... ña ña ña... hacés lo que te pinta... bla bla bla... yo sólo soy uno...”, a ver si le quedan ganas de hacerse los piolas después de un par de piñas, mojaditos en una camita de metal con picanita; Si no lo hice es porque seguramente tendrían, al menos, las mismas ganas que antes;

 

La contradicción

 

Al poco tiempo de empezada la investigación, me encontré confundido por la poca coherencia de los proyectistas, y noté que la contradicción es un punto importante para su reconocimiento; Si se los observa el tiempo suficiente (que, por cierto, no es mucho) se los ve entre continuos contrasentidos (y sinsentidos); Sin embargo no debe imaginarse esta situación como un avance entrecortado por obstáculos, ni de continuos rebotes contra dichas contradicciones; Una analogía más apropiada, si se deseara realizar alguna, sería la de un fluir, un discurrir, una especie de arroyuelo marchito que desciende, ora rápido, ora lento, por una ladera; A veces, sumerge algunas piedras que encuentra en su camino (casi como si las absorbiera), otras  las arrastra corriente abajo sin mayor esfuerzo; puede dar grandes rodeos para bordear un gran peñasco, o desaparecer debajo de él para resurgir indemne del otro lado del mismo; En terrenos con bruscos quiebres, puede dar imponentes saltos para caer con estrépito, tanto en profundos estanques como en duras superficies; o puede filtrarse, casi desapercibidamente, entre las hierbas y rocas para proseguir como si nada hubiera pasado; o escurrirse viva y brillantemente sobre la superficie del accidente geográfico correspondiente;

En una de las tantas charlas que tuve con ellos, logré obtener un intento de explicación por su parte; Mientras cerraba su libro de cabecera “Cómo saber mucho leyendo sólo las contratapas”, el Pitufo Filósofo me contestó, instantes antes de volar de una patada para caer de cabeza a la vera del bosque;

Declaraciones de un proyectista

 

Contradecirme a mí mismo no me importa un carajo; Soy consciente de que hay veces que me quiero matar porque me contradigo, pero en este momento no me importa contradecirme, por lo que lo hago con total libertad; La idea de contradicción es absurda; Todo pensamiento debe partir necesariamente de algún tipo de contexto, entendido éste de la manera más laxa (mental, anímico, psicológico, o como quieran llamarlo, a la vez que material); Pero este contexto varía a cada instante y, al variar, evidentemente, varía mi punto de vista; Al cambiar la perspectiva desde donde miramos, cambiamos el objeto mismo que miramos; Decir “hace frío” y después “qué  calor que tengo”, parece una contradicción, pero si lo primero lo decís en julio en Tierra del Fuego mientras el Capitán Frío te dispara con su rayo congelador, y lo segundo en enero en el centro de la Tierra donde vivís con una familia de hombres de lava de ascendencia italiana, entonces parece obvio que no la hay; Lo mismo pasa con cualquier otra cosa; Por ejemplo un proyectista que vomita de hambre tras deleitarse con el décimo plato de ravioles a la Gran Caruzzo en nombre de su inapetencia; Cuando estoy de buen humor la vida es linda, y cuando estoy deprimido es horrible, pero no sólo en el momento mismo en que lo pienso, sino proyectado hacia toda la vida en general; Si justo a alguien se le desatan los cordones de las zapatillas seguramente va a decir “Qué desgracia, esto es lo peor que me pasó en la vida; Es peor que la vez que estuve en la Revolución Francesa, me vio Monsier Guillotin y me usó para probar su nuevo invento”; o si esa misma persona se encuentra un sofá roto en la calle puede exclamar “Qué bueno; Menos mal que se me incendió la casa, así me puedo llevar este sillón hecho mierda y que sea el mejor mueble que tengo”; Parece contradictorio ¿cómo puede ser la vida linda y horrible siempre? Sin embargo no es así; La realidad no existe exteriormente al sujeto; tampoco el sujeto existe independientemente de la realidad; y finalmente se sabe que no existen los reyes magos ya que estos son los padres; Lo exterior y lo interior son una misma cosa que se separa analíticamente para entender mejor algunas cuestiones, pero nunca debe olvidarse que no existen ni pueden existir por separado; Me estoy volviendo una especie de ensayista de mierda y no me gusta; Todo es una construcción, una especie de diálogo continuo entre lo que nos pasa y la manera en que lo vemos; Eso pasa con los recuerdos y con las esperanzas; Cuando el presente es visto negativamente, surgen los peores recuerdos, a la vez que se observan desde el peor ángulo los demás, y las perspectivas a futuro son negras; pero si se ven bien entonces todo es más lindo que la mierda; Hay que asumir la contradicción y abandonar la farsa de la lógica; Por supuesto no hay que olvidar que el fin último y fuente de todo sentido es Dios, y que el sujeto no existe más que en la mente de los objetos a los que no puede accederse por los sentidos sino por la percepción y el Topus Uranus es una caverna de átomos que no se bañan dos veces en el mismo río; Sócrates, Hegel y Otros Más son muy lindos; Deleuze;

 

Es posible que el proyectista estuviera recitando algo escrito por Mochin Marafioti, o recibiendo una comunicación telepática del Señor Spock, pero también podría ser el caso de que se le haya ocurrido todo eso en el momento; Luego de decirme esto, el proyectista prende la radio, y con una canción de Manuel Wirtz de fondo me dice: “Es increíble que en esta radio que dice pasar sólo rock, pasen esto; No entiendo como pueden contradecirse de esta manera; Si no respetan sus propias premisas, cómo pueden pretender llegar a algún lado; es completamente ilógico; Solo deben pasar rock, Wirtz no es rock, por lo tanto no deben pasar a Wirtz;” Al ver mi cara de perplejidad el proyectista me sonríe y en tono comprensivo me dice: “Si ya sé, me imagino lo que estás pensando, y tenés razón; Manuel Wirtz es re-groso; está bien que lo pasen en todas las radios del mundo;”

Una posterior profundización en el tema me permitió notar que, aparentemente, la contradicción nunca resultó un impedimento para los proyectistas, antes bien, podría decirse que los incentivaba; Una contradicción significaba para ellos el hecho de haber elegido cosas antagónicas simultáneamente, lo que los llenaba de orgullo; Podían aceptar y rechazar algunas cosas al mismo tiempo (es importante distinguir entre teoría y práctica, ya que son prácticamente opuestas; cualquier tropiezo en la realización, es la muerte segura del proyecto); Un muro o un abismo que se cruzara en su camino era un indicio de que estaban siguiendo el camino correcto, era evitar la renuncia; Sin embargo no siempre podían superar dichos obstáculos, y en todo caso, no los dejaban zanjados para los demás; Si bien ellos seguían adelante, la contradicción permanecía intacta, por lo que cualquiera que quisiera seguirlos en sus divagues, sin tener a su vez algo de proyectista, tendría que pasar por las mismas dificultades que ellos nunca pretendían explicar; Los más decididos de entre los foráneos al proyectismo podían perdonar las primeras incongruencias, pero al acumularse pronto abandonaban su empresa; No lograban comprender que la contradicción no es más que una elección personal, que si uno decide obviarla lisa y llanamente, esta no puede mantenerse por sí misma; Compartirla es más complicado porque no todos entienden de igual forma una contradicción, sin embargo puede hacerse de común acuerdo, como solían hacerlo los proyectistas;

 

[Proyecto proyectos, p. 32 a 36]

 

 

Proyectistas enamorados:

¡Ah, el amor! Sublime estado del alma; Maravillosa e ilusoria aventura de los sentidos; Deliciosa mezcla de estímulos psico-químicos que transporta al ser hacia cielos que antes resultábanle inalcanzables; Y quién mejor que yo, Johnathan Wembley, el Cupido motorizado de la ciencia, el playboy del penthouse, para guiarlos en un recorrido por los recovecos de las almas enamoradas; Yo que a tu edad la ponía todos los días; 

Más de una vez habremos escuchado la frase “Parece un loco enamorado”; Y es que el amor, ¡ah, el amor!, puede hacernos ver por momentos un poco tontos, distraídos, como si estuviéramos en otra; Los síntomas son bien conocidos por todos; Nos olvidamos de las cosas; Nos quedamos contemplando, sin saber por qué, horizontes recorridos por enjambres de cazabombarderos; Las torpezas se multiplican; ¿O no fue a mí mismo que se me volcó un frasco de mayonesa en la bañadera cuando Betty Boop vino a la Argentina? ¿Y acaso no me explotaron aquellos experimentos de laboratorio que intentaba realizar mientras en la radio cantaban Sandra y Celeste (el dúo lésbico más lindo del mundo)? Si parece que fue ayer cuando aquellos clones se derritieron merced a errores en las concentraciones de soluto después de que Marie Curie me curara el resfrío con sus rayos fotónicos; No me voy a olvidar nunca de la ocasión en que, debido a descuidos en el manejo del material radioactivo, las ratas mutaron a demonios devorando a mi asistente australiano Cocodrilo Dundee y todo por culpa de aquella turista checa que me arrebató el corazón y los calzoncillos con tan sólo una mirada; Pero la que fue mundial, fue la vez que me olvidé por un mes de dar de comer a los negros de Biafra que tenía encadenados a una fotocopiadora; Terminé sacando impresiones de sus huesos ya sin vida; ¡Qué plato! Y pensar que esa vez ni siquiera estaba enamorado;

El amor es así, no pregunta, llega y lo hace cual primavera, tapizando de flores nuestros rojos corazones;

En ningún estudio de tipo sociológico, y creo que este libro tiene ese carácter, debería faltar el análisis de las relaciones amorosas entre los hombres; El amor es algo que sucede entre sexos; Si bien existen aberrantes manifestaciones, no solo homosexuales sino también peores,[2] el amor bien entendido, el correcto amor, es el que acontece entre un hombre y una mujer, un macho y una hembra, un Apolo y una Venus, una dama y un vagabundo, una Ginger y un Fred, una Coca y un limón, que se unen para celebrar la vida en jardines donde gigantescas plantas exudan sexo; Su fin último es la reproducción, entendida como la continuidad de la raza en su camino hacia aquella cúspide bañada por los áureos rayos de los infinitos soles de las infinitas galaxias existentes donde mora la cristalización última de las posibilidades evolutivas;[3]

El grupo particular que estamos estudiando en este libro es de marcado signo masculino; Esto no quiere decir que no existan proyectistas mujeres, las hay y en cantidad; Algunos pretendiendo ser suspicaces, plantean interrogantes acerca de un posible carácter misógino del grupo y, creyéndose más agudos aún, preguntan si el de estos muchachos no es en realidad un flagrante caso de homosexualidad encubierta; No hace falta echar mano a elucubraciones de este tipo para explicar este hecho; Como todo en la vida de los proyectistas, su suerte no significa consentimiento ni acuerdo ni conformidad ni nada en particular, sino más bien inoperancia y azar;

Los proyectistas, sin embargo, son seres sensibles ávidos de cariño que comparten con el resto de los homínidos la necesidad de amar y ser amado; Por suerte para ellos hay cosas que no dependen de su voluntad, de no ser de esta forma nada existiría, nada excepto un gran vacío ni siquiera negro; El amor, la más bella de las canciones, es una de ellas; Este hecho permitió que se enamorasen antes de elaborar ningún “proyecto enamorarme de...”, y de esta forma ser sacudidos por esa energía loca, capaz de elevar exponencialmente el número de proyectos que proyectan por segundo (pp/s);

La forma de amor más conocida por los proyectistas es la del amor nunca confesado; Idealizan cada centímetro cúbico del cuerpo del ser amado hasta convertirlo en una porquería indeseable; Proyectan escribir millones de poemas y erigir la misma cantidad de monumentos a mujeres (hombres casi nunca) que conocen, muchas veces, sólo a partir de fotos donde el foco únicamente deja vislumbrar un borrón de colores, o de verlas tomar (siempre de espaldas) el mismo colectivo; Un mínimo tráfico de frases necesario al intercambio comercial es suficiente para que, ir a comprar caramelos al kiosco, se transforme en un amor imposible; Tan sólo compartir alguna clase, en alguna materia de la facultad o en algún curso de idiomas en los que se anotaban en el marco del “Proyecto políglota”[4], les basta para enamorarse de azarosos ojos a muchos bancos de distancia; Los proyectistas pueden llegar a enamorarse de unos cabellos enredados al viento, de una determinada forma de caminar (uno de ellos que era particularmente propenso a enamorarse de chicas con problemas motrices tenía una gigantografía de Clarita de Heidi en el techo de su habitación), de una voz;

Se dio el caso de un proyectista que, enamorado de una voz de doblaje, se pasaba los días surfeando de canal en canal en busca de ella; Su amor se encarnaba ora en los labios de una sensual cantante de Animé, ora en los de una niña con vejez prematura que, pobrecita, quería jugar al baseball en una miniserie lacrimógena del nueve, la cual terminaba, en el último capítulo, con su muerte y posterior reencarnación en forma de pelota; De lunes a viernes a las dieciséis, brotaba de la sonrisa de McGuiver y explicaba cómo hacer un boliviano con dos kiwis y su Victorinox; Los sábados a las quince, hora en la que sólo la tele puede refugiarlos del sol, del deporte y del tedio[5] de las plazas, su amor, su cómplice y todo, tomaba prestado el cuerpo del perro protagonista de una nueva serie de Lasie en la que el can, además de rescatar gente, cantaba la marcha peronista;

No debe pensarse que esta gran capacidad de enamoramiento deviene en la superficialidad de sus pasiones; Todas sus experiencias a este respecto, las más fugaces y las más duraderas, estuvieron marcadas por su intensidad y por una entrega religiosa a la adoración de dioses destinados a caer; Así como cada proyecto nuevo es para el proyectista el mejor, y justifica el abandono de sus antecesores nunca completados, cada nuevo amor es el más absoluto de todos; Todos los proyectos se ponen en función de ese sentimiento; Como se puede ver, algunos de sus amores resultan más fáciles de concretar que otros, pero no hay diferencias entre ellos cuando, víctimas de faraónicos proyectos destinados a materializarlos, sucumben dolorosamente;

Un proyectista enamorado de una gorda gigantesca había pensado aumentar 400 kilos para sacarle tema de conversación; Comió sin detenerse durante semanas; Las piernas se le hincharon, sus brazos parecían belugas y sus ojos se veían más redondos que nunca; Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, no podía superar los 200 kilos; Empezó entonces a consumir anabólicos, esteroides y bolitas de naftalina; “Tengo que subir 400 kilos”, se repetía obsesivamente en la farmacia a dos cuadras de su casa, sentado sobre la balanza, mientras introducía en su boca hamburguesas y salchichas crudas; Pesando 310 kilos, sólo él sabe por qué, se largó dando vueltas carnero por una barranca sin fondo para aparecer años más tarde hablando en inglés, con una pierna ortopédica y respirando con dificultad fingida; 

Otro proyectista planeaba largas charlas de, por lo menos, siete horas (a veces de hasta veintiocho), que anotaba en cuadernos forrados con papel araña; En estos diálogos conocía a su amada y la abordaba; Juntos descubrían que tenían millones de cosas en común; que compartían los mismos gustos musicales y frutales; que les habían faltado las mismas figuritas para completar el álbum de los Transformers; que el lesbianismo es lo más; que sus mascotas habían muerto en circunstancias sospechosas y que ellos eran los principales sospechosos de sus muertes; que nadie los había besado jamás como Lorna; que los días se harían tediosos e interminables si el uno no estaba con el otro; que vivir juntos sería hermoso por un tiempo relativamente largo; que nadar en la pileta después de comer sandía con vino puede ser letal; y que el sexo entre ellos sería por momentos apasionado, desbocado, salvaje y sucio, con orgasmos multiformes estallando en la cama y los suelos como bombas atómicas de grasa, mientras que otras veces sería cálido y suave como café instantáneo batido con dos de azúcar, una de Nesquick y un chorrito de leche[6]; Las conversaciones ideadas por este proyectista solían terminar con un inolvidable primer beso enmarcado por una luna rosa en forma de corazón a bordo de un gran transatlántico; Mariachis calvos tocarían impúdicamente sus instrumentos; Él se pasearía por la cubierta del brazo de ella; La extraña dama podría ser tanto la azafata que trabajaba en el vuelo que no se tomó; como la frase escrita en una pared que nunca vio; como las risas grabadas en el servicio telefónico de “Compra directa de entradas de cine”, en el cual se sumergió y ahogó, sin llegar jamás a comprar ticket alguno; Incluso podría ser Luisa Kuliock; Los mariachis dejarían de tocar justo en el momento en el que el proyectista se dispondría a hablar; “Te amo” le diría, y ella, después de realizar un simpático gesto con la cabeza, le respondería mudamente consumando un beso en el que no faltarían Chasquibum ni guirnaldas;

El desarrollo de estos diálogos dependía del lógico desencadenamiento de preguntas, respuestas y comentarios, que debía de sucederse tras la certera formulación de una primera e inspirada frase; Citaré algunos ejemplos de las posibles frases que servirían al proyectista de pasaporte al corazón henchido en sangre de la chica de sus sueños: “Hola;”; “Hola, ¿cómo estas?”; “Perdone, este perro ¿es mío?”; “La confundí con un puto, ¡que gracioso!”; “Si te cuento no me lo vas a poder creer”; “Estoy lleno de vida”; “La última vez que fui al dentista me perdí;” “Je suis très fatigué” “Dale”; Para el proyectista era de vital importancia esta primera oración que sólo sería efectiva de ser emitida con el exacto tono que, entre simpático, cordial y seductor, acompañaría una muy precisa postura corporal; ¡Por favor!, ni hablar del decisivo papel que jugarían:

1-      La posición a ocupar por el galán respecto a la visual de la chica (primer plano contrapicado, izquierda de cuadro, referencia de un negro blusero);

2-      El corte de pelo que deberían llevar en ese momento el proyectista y su enamorada (ambos llevarían el mismo corte; Nuestro hombre lo copiaría hábilmente la noche anterior dándole a la escena un romántico touche psycokiller;[7])

3-      El clima;

4-      La alineación planetaria;

5-      Los otros tantos etcéteras que tomaba en cuenta el delirante proyectita;

¡No, definitivamente, mejor no hablar!

Tanto “la frase” como las demás medidas, cambiaban radicalmente de flor en flor, de musa en musa, de corazón de arroz en corazón de arroz sin que ninguna lógica conocida (ni la aristotélica ni la wembléyica) diese cuenta de ello; Sólo cerraba dentro de la lógica del proyectista; Triste fin encontró este proyectista al hallar finalmente a la mujer que le sostuvo la conversación según lo previsto hasta la novena hora, matándolo de aburrimiento;

Sus métodos de conquista a pesar de carecer de efectividad, estadísticamente hablando, asegurarían en caso de éxito, la unión con una mujer capaz de contener al proyectista a través del amor y la comprensión, en un espiral ascendente de mutua nutrición hacia el infinito; El resultado de dicha unión sólo puedo imaginarlo vagamente y entre escalofríos que me recorren como autitos de Scalectric sobre la pista de mi columna vertebral jónica; Tal vez se produzca un nuevo Big Bang, acaso todo sea más de lo mismo, mas si de algo estoy seguro, es de que el mundo ya nunca será igual tras el encuentro de un proyectista con su alma gemela;

 

Carta a un posible amor

Una noche salí a caminar solo y vacío; Me perdí, pero no porque hubiera caminado mucho ni por no conocer el lugar; Me perdí simplemente porque no me importaba estar en ningún lugar; No supe qué hacer, pero tampoco me importó; Seguí perdido y perdido mucho tiempo; Tal vez no tanto, creo que fue mucho porque me di cuenta que estaba todo sucio y con la ropa medio arruinada, pero quizás así es como salí en un principio; Igual fue bastante tiempo, aunque siempre era de noche; Era de noche pero raro, no había estrellas ni luna, pero tampoco estaba nublado; En realidad era como si no hubiera cielo; Sí, no había cielo, por eso no sé bien cuánto tiempo pasó; Por mucho tiempo que haya pasado, hambre no tuve o, si tuve, debo haber encontrado algo que comer; Creo que una mina me dio un sándwich una vez..., y un tipo un sachet de leche; De la leche me acuerdo un poco más porque cuando me la dio me acuerdo que pensé “¿Y qué mierda hago con esto?”; Igual creo que no tuve hambre, ni sed; Es raro que no vi a nadie en la calle, no me encontré con nadie; No había calle para los autos; Eran calles empedradas, de las que hay por los barrios, y a los costados había veredas, pero no había autos y no era una peatonal; Había autos estacionados pero que en realidad no eran autos, sino más bien una especie de parte de la calle misma; Un dios que andaba por ahí me saludó y yo le pregunté algo que en realidad no me importaba; Tal vez me contestó o tal vez no, no sé; Era linda, eso sí me acuerdo, pero no me acuerdo si existía; Un día volví, pero yo ya no estaba, me dijeron que me había ido y vuelto muchas veces, pero que como no me daba cuenta no me quedaba nunca; No creo que sea verdad; No puedo volver sin moverme de lugares en los que nunca estuve; Quizás sea tan sólo un sueño, y por eso soy inconstante, confuso y sueño; Debe ser raro ser una totalidad a la vez que sólo una parte de esa totalidad..., debe ser raro; No sé; No estuve en ningún lado, pero pasé por la encrucijada donde se corta todo; Estuve siempre ahí, en ningún lado, caminando sin moverme, sin tiempo y sin espacio, en todos lados, sin nada;

Te cuento todo esto por si me encontrás; Si me encontrás dame un beso o haceme una caricia..., algo va a pasar; No sé qué, pero es algo y me va a gustar; Pensá en mí de vez en cuando, pero sin extrañarme ni añorarme; No me busques, ¿qué sentido tendría? Pero si me encontrás, ya sabés, no te olvides;

 

[Proyecto proyectos, p. 67 a 72]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] [Nota del Editor: El uso obsesivo de esta palabra puede ser visto como una clara influencia de los proyectistas, o más estrictamente como un plagio del inescrupuloso científico, quien se apropia del “Proyecto Huascapen?”; El mismo consistía en llevar a EE;UU; el término “huasca” para masificar el genial juego de palabras, que parafrasea la voz  yanqui “What´s happen?”; Wembley lo convirtió en una vulgar propaganda de Telecom;];

[2] [Nota de Rial: todos sabemos lo mal que terminó el affaire de Wembley con Humprey Bogart;];

[3] [Nota de Hitler: Es verdad;(el Hit de Hitler)];

[4] [Nota de Wembley: Solían abandonar estas aventuras académicas después de hacer tan sólo el primer nivel, pudiendo de esta forma saludar, preguntar “¿cómo estás?, ¿cómo te llamás?”, y la hora en más de quinientos idiomas diferentes, entre ellos quechua, griego antiguo y esperanto; (Sospecho que el esperanto no es más que un antecedente del proyectismo; Probablemente se trate del “Proyecto Idioma Universal”{busca a lo largo del libro la referencia que hace pareja con esta que acabas de leer; Si la encuentras, querido billikenófilo, al grito de alcoyana, ,alcoyana” huasquéale el rostro a tu vieja para curarte de una vez ese molesto complejo de Edipo que te está comiendo la cabeza})];

[5] [Nota de Wembley: “El deporte y el tedio”, famoso programa de televisión conducido por Nicanor Gonzales del Solar;];

[6] [Nota del Papa: El aborto es crimen, el SIDA es salud (otro Hit de Hitler)];

[7] [Nota de Pino Leo y Lina: Cuán difícil es acertar el tijeretazo, rebajar lo que hay que rebajar, frisar lo que hay que frisar, cuando uno tan sólo es iluminado por las muchas bombitas de luz mala reunidas alrededor de un espejo, en cuya superficie cóncava se reflejan los sucios fondos de una peluquería repleta de maniquíes; Más difícil aún cuando el local se sitúa en una galería subterránea;];