Héctor Urruspuru

“¡Bizarra, bizarra Divine!”

(a Harris Glenn Milstead (Divine) actor travesti del cine Bizarro).

Divine está casi desnuda
de entre su entreteta
asoma el espíritu
de un póster de Warhol
usa enormes corpiños blancos
y come para Waters que la filma
sin cortes sin trucos
caca fresca de un caniche amariconado.

Divine lee a un Ginsberg
de sexo tan indescifrable
como el de ella/ello

ella
que succiona el pene bizarro
de su hijo de 23 años
en una casa rodante
y sólo porque el joven está triste
y sólo porque el joven lloraba.

Divine
es un exabrupto obeso
una puteada viviente
un grito agudo
que vive desde niño/niña
en los límites

y las criaturas abandonadas
del American Way of Life
se embriagan
se drogan
se cojen
se raptan en sótanos mugrosos
posan
con ella/ello
para siempre
por sobre todas las cosas posan
para el ojo histérico de la cámara.

Divine
pasa por los 60
y deja que su inmensa figura
descontrolada
transponga las pantallas de los cines
y de pintados exagerados ojos negros
se sienta en las butacas
sobre las faldas de los teenagers
y les masturba el alma equivocada.

Divine
La gorda Divine
plena en rollos de grasa
rompe a hachazos
convertibles rosas
y
como el espíritu de un cadillac
va de pueblo en pueblo
de bar en bar
de hotel en hotel
por las supercarreteras
y vive gratis para siempre.

Divine está
en este fotograma
casi desnuda
hecha toda una chancha.

Y cuando muera
(si la dejan)
va a ir al cielo
para ver
si algún ángel rubio se la garcha.

“Sin título”


en mi agenda llevo poemas de Pasolini que he bajado de Internet
y hojas en blanco / muchas
pienso en mi soledad como una hojarasca

en mi agenda este año no he escrito tu nombre
y ya comenzé a olvidar tu teléfono
la forma núbil de tu risa

si mi agenda fuera un aeroplano (sueño) si la viera irse
oscura / ave de muertes /
si no fuera la sombra que es

... “Pasolini murió asesinado”
dice el prólogo en una parte
voy detrás de mi agenda por la Avda. Corrientes

ahora bebo un café...
factor rh / alergias / medicamentos contraindicados /
en caso de emergencia comunicar a:

... sin azucar,
la luz de neón asesta
una puñalada teatral a los solitarios /
miércoles / wednesday / quarta ...

cada vez que se abre la puerta
tu fantasma vuelve a caminar entre las mesas

“... mozo, un anís...”

anoto en mi agenda: “pongo una ficha en la rockola,
vos bailabas muy bien” / un largo aullido humedece
la palma de mis manos

dibujo soles eclipsados
los mismos árboles sin hojas sin raíz
escribo y tacho tu nombre diez veces / diez veces

husos horarios mundiales / Islamabad GMT + 5 h. 30 m.
unidades de medición /
“tengo el alma sin feriados” anoto

y ya he leído “Cenizas de Gramsci”
sus 6 cantos / 6 veces
y ahora me voy / la agenda es un péndulo

un reloj sin fin.

Amor entre escritores (11 de septiembre)

“... Sé cebra hoy. Desnuda, una infinidad de rayas blancas

y vaga libre, en rayas negras, sobre el valle rojo de la cama"

- se lee que es así, como está comenzando este poema -



y “entrecierro los ojos”

como dice que dice, más adelante, el capítulo “dos”... de tu novela.



Ese en el cual Dios con su enorme miembro erecto,

desde un cuadro benedictino - bendecido - inaugura al "Big Bang"

con dos certeros golpes.



Quién? Qué bombero en “Las Gemelas”

juntará nuestros huesos / pelos / entrañas...

luego de tanto, tanto amor?



Ahora, (en el “después” del corrector) en la plaza mayor

de tu ciudadela

todo un pueblo con hambre ha entrado a mostrar sus pancartas

de revancha

y al retirarse, como la bajamar más humilde – la más blanca -

ha dejado un monumento de sal,

ground zero

ground zero

- soy yo -

un único ojo mirando fijo, hacia la portada,

en donde Tusquets decidió

que estuvieran tus ojos marrones,

toda tu latina mirada...



Crées que fué un lince? el que cruzó, ante nuestros sueños...?

sangro...

sangras...



Manhattan sangra.

Bellamente



“... en tu voz la naturaleza toda ronronea

y tus pelos negros descansan, sobre mi pecho”.



... dice (en lo que a mi respecta) que finaliza así, este herido poema.





P.D:

Es 11 de septiembre amor, y no hay nada mejor que amarte, verdad...?



Marcelo Nieto

No quiero escribir otro poema triste -

a Mariano, toujours

No quiero escribir otro poema triste.
Pero las luces de neón de esta calle muerta no alcanzan;
no alcanza tampoco el fuego opaco de este corazón
pobre solitario que enjuga lágrimas en su ropaje colorado.
Enemistada eternamente con este cuerpo, con esta sangre
vuelve a hacer su casa en mi interior la ausencia
marcándome de nuevo los terrenos que lindarán con la distancia,
ésa que se ensanchará con su carnosidad vegetal día a día,
hasta volverse siempre, hasta volverse nunca.
Y no hay figuras de papel de todos los colores que caigan
sobre mi cabeza para alegrar este aire que me cierne;
y no me resigno a pensar que otra vez he errado el camino.
Faltan las manos húmedas de un cuerpo que falta,
de una presencia que se hizo presencia en un tiempo exacto
no sé si sólo para inscribirme en el alma en forma más profunda

la desazón, el desdén, la indiferencia

esta almendra dulce en la boca, pero amarga en el vientre.
Mi ser tiembla como tiemblan las flores al rocío helado.
Y no hay abrigo en forma de animales que me lleven solícitos a otras tierras
Pero tiembla por el llanto contenido,
el que no fue, el que no será, porque en verdad ¿de qué sirve?
Tiembla contra el vendaval de palabras,
contra la furia de los gestos,
contra el amor que es desamor, porque es adverso.
Estrujo entonces mis amuletos para darme fuerzas, febrilmente
la piedra verde de la famosa Rodas
el anillo mágico que no es uno sino tres,
el de una tarde soleada en que la desdicha hilaba con hilos de oro;
una carta de líneas diminutas que conserva perfume aún.
Pero, ¿son mis pertenencias?
¿Son suficientes testigos contra esta bruma tramposa que teje

emboscada tras emboscada

la delgada trama de mi vida, la maraña de pies y voces y pelos?
Tal vez no sea la primera vez que siento las dagas sobre mis hombros;
seguramente, no es la última.
Pero cuenta el tiempo;
y yo también lo cuento,
le meso los cabellos y las barbas como otrora a mi amante perdido,
y entonces me doy cuenta de que es el tiempo el que mece cabellos y barbas,

los míos.

Mar. María. Ian. No...
Y me engaño pensando que éste día no existió jamás,
y que mañana volverá,
y que el amor no puede herir los corazones tan duramente...
No quiero escribir otro poema triste.
Sin embargo, me posee la muñeca febril,
ansiosa por exprimir al máximo este dolor que no es un dolor más
sino que es un dolor por todo, el dolor de siempre.
Los ojos vuelven a ser con más fulgor ojos tristes,
-y ya no los de un niño-
y la mirada se va,
se pierde entre los pliegues de dichas pasadas
para evitar que la vergüenza inmunda le hiera las pupilas,
la vergüenza que en verdad es la ausencia disfrazada con guirnaldas, y prímulas,

y dalias.

Y yo también, ¿qué haré con el miedo?
¿Por qué no puedo guardarlo para siempre envuelto piadosamente
como a reliquias fabulosas en un cajón sin fondo?
¡Basta de secretos, basta de farsas!
Las aguas seguirán corriendo, más claras o más oscuras
es indistinto;
el cielo no se abismará hasta los infiernos
ni ningún santo licuará su sangre frente a mí para calmar esta sed.
Pero hoy quiero gritar fuerte que aunque todo siga su curso normal,
y aunque nada sobrenatural ocurra, a mí sí algo me ocurre.
Yo seguiré el camino, pero algo de mí ya se queda.
Quiero decir que tengo frío, y tengo miedo,
y que mi amante se fue, y ya no viene
y que no soy feliz...
Con el tiempo, como todo, este papel se pondrá amarillo,
pero yo recordaré esto siempre.
Porque no es ésta un promesa que le hago a nadie;
es una promesa para mí,
para después de mañana, cuando la luz se vaya apagando...
¡Oh, Dios omnipotente,
oh, dios imperfecto, siquiera escucha...!
No quiero escribir otra vez un poema triste.

Marcelo Nieto

Con el agua sobre tu rostro

Vientos de mayo, que danzan en el mar …
¿vísteis a mi amor en algún sitio?
¡Ay de mí! ¡Ay de mí!
¡Por los vientos de mayo!
¡El amor es desgraciado cuando la amada está lejos!

Poema IX
James Joyce



 

 

En la abrasadora tarde de este domingo que no olvidaré nunca
las nauseabundas campanas destilan un humo de abandono sobre mi vida;
tañen el sonido muerto de esas tardes en que la desdicha se impone,
y en que los rayos de sol caen pesadamente sobre los rostros cenicientos de la tristeza.

Posadas sobre cada instante de mi vida siempre, las manos blancas de la soledad.
El recuerdo de un rostro corroe furiosamente las paredes de este olvido
para que se me quiebre cualquier pensamiento;
y su sabor se disuelve en mi boca para que se me contagie todo el cuerpo
con el amargor propio de la almendra.

Ayer, camino a casa observaba el color de las hojas de los árboles.
Diversos verdes atravesados por la humedad de las frías gotas de una llovizna matinal.
Contra el sombrío y amenazante firmamento se erigía, arrogante, la iglesia de Montserrat.

Pensé en ti, oh desdichado Coridón, y en tu amarga vida pastoril,
En el áspero Alexis, delicias de su señor, y en mi búsqueda que nunca concluye.
¿Y dónde estás tú, mi Alexis, por el cual se consume incesante el fuego de este, mi corazón?
¿Acaso te embarcaste bajo el sino del pavoroso trueno y el refulgente relámpago?
¿Estarás ahora navegando, intrépido, las turbulentas aguas de nuestro mar irlandés?

Porque nunca nadie me llama desde ningún lugar.
Y aunque tú, como el otrora Alexis hayas abandonado estos montes, y no estés
aquí no se han secado las aguas que todavía fluyen dulces
ni tampoco los castaños han abandonado su inquietud, su azoramiento.

Pero no estás, y mis dedos intentan atrapar en el papel un rostro demasiado desleído,
escondido tras el vendaval de viento huracanado que aleja mi memoria hasta nunca.
Desde aquella partida, mi cuerpo soporta una pena demasiado amarga.
Desde entonces soy como una estatua de sal horadada por el soplido helado del tiempo,
un harapo destemplado, un jirón de palabras envueltas en adioses.
Un corazón desolado bajo el triste desconsuelo del agonizante estío.

Como un autómata, camino las oscuras calles de Buenos Aires.
Aspiro la fragancia de este aire que me recuerda otro aroma lejano, un aroma
como a enebro florecido.
El suelo se tambalea bajo mis feroces plantas.
Estos pies que consumen distancias inútiles que conducen, otra vez, a ningún lugar.

Y aún como antaño, como siempre, aguardo un milagro que no viene, que no llega.
Porque sé que esta sangre bulle fervorosa por otra sangre que sí espera en algún lugar.
Pero estoy cansado de mirar hacia este cielo que responde siempre con relámpagos y truenos
Con aquellos con los que te arrebató la impetuosa tempestad,
con enigmas que soy incapaz de descifrar, pues no he aprendido a leer en las estrellas,
con perlas blanquísimas que no son otra cosa que lágrimas que tú lloras
por mí
allá lejos
dónde estés

Desconsuelo -

Stant et iuniperi et castaneae hirsutae;
Strata iacent passim sua quaeque sub arbore poma;
Omnia nunc rident; at si formosus Alexis
Montibus his abeat, videas et flumina sicca. (1)

Egloga VII
Bucólicas
Virgilio

 


En la abrasadora tarde de este domingo que no olvidaré nunca
las nauseabundas campanas destilan un humo de abandono sobre mi vida;
tañen el sonido muerto de esas tardes en que la desdicha se impone,
y en que los rayos de sol caen pesadamente sobre los rostros cenicientos de la tristeza.

 

Posadas sobre cada instante de mi vida siempre, las manos blancas de la soledad.
El recuerdo de un rostro corroe furiosamente las paredes de este olvido

para que se me quiebre cualquier pensamiento;

y su sabor se disuelve en mi boca para que se me contagie todo el cuerpo

con el amargor propio de la almendra.

Ayer, camino a casa observaba el color de las hojas de los árboles.
Diversos verdes atravesados por la humedad de las frías gotas de una llovizna matinal.
Contra el sombrío y amenazante firmamento se erigía, arrogante, la iglesia de Montserrat.

Pensé en ti, oh desdichado Coridón, y en tu amarga vida pastoril,
En el áspero Alexis, delicias de su señor, y en mi búsqueda que nunca concluye.
¿Y dónde estás tú, mi Alexis, por el cual se consume incesante el fuego de este, mi corazón?
¿Acaso te embarcaste bajo el sino del pavoroso trueno y el refulgente relámpago?
¿Estarás ahora navegando, intrépido, las turbulentas aguas de nuestro mar irlandés?

Porque nunca nadie me llama desde ningún lugar.
Y aunque tú, como el otrora Alexis hayas abandonado estos montes, y no estés
aquí no se han secado las aguas que todavía fluyen dulces
ni tampoco los castaños han abandonado su inquietud, su azoramiento.

Pero no estás, y mis dedos intentan atrapar en el papel un rostro demasiado desleído,
escondido tras el vendaval de viento huracanado que aleja mi memoria hasta nunca.
Desde aquella partida, mi cuerpo soporta una pena demasiado amarga.
Desde entonces soy como una estatua de sal horadada por el soplido helado del tiempo,
un harapo destemplado, un jirón de palabras envueltas en adioses.
Un corazón desolado bajo el triste desconsuelo del agonizante estío.

Como un autómata, camino las oscuras calles de Buenos Aires.
Aspiro la fragancia de este aire que me recuerda otro aroma lejano, un aroma

como a enebro florecido.

El suelo se tambalea bajo mis feroces plantas.
Estos pies que consumen distancias inútiles que conducen, otra vez, a ningún lugar.

Y aún como antaño, como siempre, aguardo un milagro que no viene, que no llega.
Porque sé que esta sangre bulle fervorosa por otra sangre que sí espera en algún lugar.
Pero estoy cansado de mirar hacia este cielo que responde siempre con relámpagos y truenos
Con aquellos con los que te arrebató la impetuosa tempestad,
con enigmas que soy incapaz de descifrar, pues no he aprendido a leer en las estrellas,
con perlas blanquísimas que no son otra cosa que lágrimas que tú lloras
por mí
allá lejos
dónde estés

1) “Yérguense firmes los enebros y los erizados castaños.
Por el camino pedregoso los frutos de cada uno de los árboles yacen por doquier a sus pies.
Ahora todas las cosas son amenas. Por el contrario, si el bello Alexis
se alejara de estos montes, verás secarse los ríos”

Certificado Mágico

Para Luis


Como si fuera la proa de un buque cortando en dos la superficie de un ancho mar, así avanza tu recuerdo hacia mí a través de esta niebla, de estas aguas quietas, en esta fría noche.
Esta noche desde cuya profundidad te deslizas sigiloso hacia aquí, cuesta abajo, y te instalas, te instauras como rey sin patria (¿acaso otro rey de las nieves y de las brumas?); y ahora aquí estás, junto a mí, en este cuarto que amo, junto a estos libros que sólo por hoy han dejado de ser mi única compañía, junto a este collar de cuentas de madera que estrujo furioso cuando todo se hace nudo, y se me hace imposible palpar el relieve de la trama, y la vida ya no es fiesta.
Caes como una espada filosa sobre mi espesor, te incrustas en mi pecho como una piedra engarzada, te vuelcas sobre este rostro que aúlla herido, te sumerges en esta sangre que clama iracunda; y desde allí me habla tu voz, me incita tu risa, y me interrogan tus ojos volcados sobre mis ojos para que te mire: tus ojos desnudándome en una mirada que cubre hasta mis más antiguas derrotas, mis declives y mis cimas.
La luna, brumosa, lejana, apenas perceptible, ilumina desde lejos este cuarto adonde te has abismado; y aquí estás, ciertamente, observando conmigo los reflejos tenues de la luz acariciándose el lomo sobre el color rosa viejo de esta pared, mientras el té humeante me aguarda en la taza enorme, junto a los almohadones donde me arrellano junto a tu recuerdo, que es la forma de exorcizar tu ausencia -ausencia de manos doradas, de hombros como humo, de cabellos como lechos –, y te extraño, y te extraño.
Pero no estás. Aunque yo me fabule mundos para hoy, para mañana, para un día después de mañana, tú no estás. Y yo me cubro los ojos con la palma de mis manos, y tatúo en mi rostro la desmesura, el desconsuelo, la gélida caricia de la soledad. Entonces te busco, y no te encuentro. ¿Porque cómo hallar aquello que nunca se ha tenido? ¿Cómo encontrar y reconocer lo lejano, lo imposible, lo que está separado por un muro que rebasa cualquier intento frenético? Y mi cabeza gira, gira, y gira como enloquecida en el carrusel cruel de este universo hecho a la medida de mi dicha, hecho a la medida de mi pena. Y tengo miedo, pues qué si no estuvieras tú hecho para mí.
Y tú, entretanto, ¿adónde te lleva la marea ingrata? ¿ Por qué te aleja (de mí) el sonido perverso de la flauta encantada en manos de cualquier falaz enamorado? ¡Marea y sonido ingratos y perversos ambos! Pues ambos te alejan de mí tanto que no consigo verte, y desde lejos sólo un destello, una chispa, me permiten saber que allí estás, que no te has ido definitivamente, que tu cuerpo aún tiene la consistencia de las revoluciones y los magníficos tesoros de la aventura; y que, desde esa lejanía, también, buscas con manos, con piedras y con yedras el camino que te conduzca a algo más que esto. Porque no estás ciertamente destinado a ser sombra infame de nadie, pues tu luz se derrama dulce sobre cualquier hora y lugar de este enrarecido mundo.
Caes, caes. Una y otra vez. No te cansas de llegar, aunque nunca te hayas ido. No cesas de irte, aunque nunca hayas llegado. Y los cuencos de mis manos intentan, dementes, aprisionarte, beber de la memoria. Entonces se quiebran los cristales, y caen como lluvias tus cabellos y se unen a los míos, y recuerdo el tufo helado a alcohol, y el rancio humo de cigarrillo asaltándome en aquel amanecer tardío viniendo de Sitges, con tu abrazo aún anudado a mi abrazo, y nuestros cuerpos oscilando juntos, acompasados por el ritmo de una bella canción, y tu cabeza apoyada en la mía, descansando, descansando...
¿Y si hubiera entrado en erupción y hubiera estallado en mil pedazos entonces nuestro Vesubio feroz? Feliz hubieran dicho de mí. Encastrados en piedra, vueltos estatua de cenizas, pero juntos. Hasta el fin del mundo. Hasta la consumación de la última de las estrellas. Pero te fuiste. Y yo me quedé aquí, detenido en un tiempo que sólo yo sé, bajo el cierzo congelado que horada mi cuerpo con su silbido, y donde aguardo el milagro que no viene, que tal vez ya no llegue, mientras tu estarás solo, desvistiendo tu cuerpo en la frialdad de unas sábanas que no saben abrazar, y que no acarician por más suaves que parezcan.
Oh rey de las nieves y de las brumas, oh rey de los campos y de las lilas, oh rey de los pájaros y de las nubes que cruzan veloces este aire y este pensamiento, ya no busques, y olvida. Simplemente. Pues olvidando se encuentra. Y ven, cruza presuroso este cielo tachonado de estrellas antes de que la tempestad se lance impetuosa y furtiva sobre la extensión de la tierra.
Y olvida. Olvida, pues olvidando se encuentra: una mano, la mía, que está tendida hacia ti, y un rostro, el mío, que está vuelto hacia ti.
Sonríeme, entonces, con esa ternura con que sólo tú sabes. Luego, toca mi corazón con tus manos, y abre una a una sus puertas. En esa, detrás de esa única puerta, te encontrarás a ti mismo, vuelto por fin rey con patria, tatuado junto a mí en un momento de la eternidad.



Wenceslao Maldonado

 

TORSOS DESNUDOS EN UN MISMO ESPEJO

poemas


a Demián
todavía queda
nieve
en el ángulo del techo

rincones
de la niebla
bajo el paisaje

tibio
Demián

todavía queda
aire blanco
deslumbramiento

los gestos
tímidos
de la partida


a Marcio
este hombre en la noche
que muere de noche
su pasión definitiva

y renace en la sombra
con su incendio de brazos

y duerme en el sueño
de otro hombre

y vive solamente
con su noche...


a Pablo
silla sin instrucciones
sin vergüenzas sin pecados
nada más que el hallazgo
del espacio de tu cuerpo
para ubicarme

y además
el descanso
sentado
sobre tu mismo gozo


a Gabriel
debajo de tus dudas
fui caricia
para el amante

quise todo
y nada
(como un niño)

y ahora
quiero todo
sin pedirte más nada
(como un cobarde)



Fernando A Vallerstein

a Leonor

1

(voz) la nena se convierte en bruma

camina retrospectivamente

trata de encontrar asilo sobre el pasto húmedo

intenta narrar la búsqueda del tiempo perdido

la era moderna que le chilla al oído

como una oda desencadenada (frío calor)

pasado, presente, futuro

era moderna con jeans gastados, todos los años un color

una nena que no sabe de lágrimas de cocodrilo

una nena que no sabe de la supervivencia en la selva

una asociación de preguntas con respuestas

mamá mis ojos están duros

¿Por qué no lloro?

si a mí me gusta llorar

cuando lo hago mis lágrimas son dulces.

La madre sueña con un altar lleno de flores

La nena sueña con un comedero de pájaros

en donde dejar yacer su delicado cuerpo no niño.

vallerstein (inédito 2005)

Bajo Belgrano

Las estrellas nos vieron coger
desde un décimo piso
escucho tu historia
recuerdo las mías
los voayeur
se masturban
reímos a escuchar sus gemidos
los pájaros duermen
nuestras mentes despiertan
persianas móviles
danzan
esperando al día
el sol
luz que refracta
en las baldosas
secando mi sangre
ahogando nuestros desiertos.

Mi Luna

Nuestro río
bordea la dura marea
de sentimientos
cuando baño tu cuerpo
ensucio el mío.
En este alicaído pájaro
tu piel de astillas
sin alas, sin pico
sin nada
perseguido por la tormenta
vuela frágil.

Travesía

Nos une el hambre
dentro de una placenta inquieta
un travesti ilusionada
con deseos de ser madre
madre
grasa cubre el sucio abdomen
más grasa
más mugre
mis ojos ebrios
lloran soledad.
Te contemplo angustiosamente
Recuerdo mi ilusión
Tetas de plástico
Llenas de leche.

Piel Hoy

Piel pediste que siga la risa
sentiste lo que es llorar
mi estrella
tu cuerpo mojado
esta lengua
vislumbrando tus sueños.
No soy aquel príncipe azul,
en tu planeta deshabitado
de princesas sin castillos
miro detrás de la pantalla.

Sin hablar

No le pregunte su nombre
ni su edad
ni su sexo
la habitación estaba oscura
comenzó a golpearme
gocé
cerré mi ojos

recordé mi infancia
me subí a un tobogán gigante
sentí placer al descender
rompí mis vendas
papá había vuelto
una mesa llena de manjares
descubrí al verlos
de mi gusto
no quedaba ninguno.

1.

Mi cielo sobre este infierno
donde castañean
mis dientes
mi cuerpo es la angustia
del decrecer
me siento cerca de dos polos
sin preguntar entran por mis sábanas
¿quién S.O.S?
¿todavía te gusta caminar por parque Rivadavia
.................................................. /por las mañanas?

y entre el cielo y este infierno
mi carne azada corriendo sin respirar.

2.
Quebrando la máscara del olvido
intuyo encontrar
mi llanto crematorio
sueros en donde habito
inclinado hacia las faldas
respiro
voy fragmentando el ayer
........................................... seré yo, solo yo por una noche
seré mudo
ciego
sordo
morderé mi lengua
no diré adiós.

3.
Este cuerpo
se llena de bichos
sin enhebrar
no me llames
cascarita
¿ viste esta piel ?
Soy la piel
en donde transpira el miedo
un hilo desesperado
la vena más delgada
infesta
abandonado
con amor.
El silencio
Voz que retumba
alrededor de mis vivos
de mamá y papá.
Aprendí a caminar de espaldas
ajeno al final
siendo en la voz
poesía
sublimando el dolor
de otra vez
querer ser.

4.
Ya uno es parte de lo inevitable
de uno
la risa
esta muerte.
Perdón si el sentido se apodera de mí
negros días
“Perdóname” si las lágrimas
lagañas
ojos llenos de musgo
ven
palidecer mi mirar
pero mi cuerpo,
pero mis marcas
me invitan a pasar
lleno de barro me subo a la cama

5.
Este cuerpo se seca un día cualquiera
virginal
amante de los futuros
acuna la historia
le propongo matrimonio
diré Sí! Acepto
y mañana
cada dibujo
que hagan mis dedos
huellas sé ser
se mira y no se toca
se tocan todos sin mirar
miro esto con cabeza y brazos
no lo toco
da asco
como los otros
se llena de bichos.

6.
Tan solo un instante
sólo
con los nervios de punta
con la punta adentro
¿ y mañana?
grito sobre los cristales
tajado
violado
como una cenicienta
a medio vestir
contemplando la fiesta
encerrado en el baño.

Piedra

Soy una pecera
una ostra muerta
violada de perlas
ahogando un destino pasado de moda
la niñez.
Luces en esferas inválidas
estéticas
disparando a las cavidades del corazón.
Soy latiente
perdido en el asfalto
mi rostro
destino de olvido.
Niño

Empecé odiando el pasado.
Sufriendo el paso del tiempo:
Peleando contra la nada.
Miedos de un juguete en desuso:
llorando este triste presente.
Recordando esa vieja infancia.
Un mundo que oscurecía al día.
Tanta luz, fui tan niño.
Soy este paso del tiempo.
Caminando sobre el final.
Soy una sombra,
fui una luz, fui tan niño.

Noches viejas

Si te presentaras delante de mí,
me arrancaría los ojos
para no verte.
Con mis venas,
ataría tu cuerpo a mi cama.
Soñaría sin mañana, mancha oscura sin verano.
Tal vez sea la muerte quien me busca.
Sin invierno, sin nada.

Ayer

Me fui escondiendo tras los árboles
Jugando a las escondidas
con mi sombra.
Los maniquíes me seguían
llenos de perfumes y bolsas vacías.
Silencio de mudos sin sexo.
Seguí escondido:
mi voz era más fina.
Descubriéndome casi muerto
gocé ante el miedo.

Poemas extraídos del libro “ Lo hago para que no te resfríes “ Fernando A Vallerstein 2003




María Medrano


Más ligero que un corcho por las olas bailé


suena el teléfono
y corro
c o rro corro


me preparo para el gran debate
y prendo un cigarrillo


estoy segura que es él
para convencerme
que amarlo es lo mejor
que puedo hacer

ebria
lo ca loca
me vuelvo infame con mi sexo
y me dejo convencer

y corro
. . . . . . corro


y vuelvo y lo invito a bailar
tengo unos discos re lindos
le digo


y como todo lo que él quiere
esta en mí
vuela
.......................tengo un living grande
y un corazón
más

adoro

nuestro idílico

. . . . . . . . . . . . . . . . . bailar.

lima de carey

abro y cierro el cierre de mi bolsito manicure
y vuelve a llamar ella
reclamándome la lima de mango de carey.
jamás se la voy a dar
no por la lima
sino por la historia sentimental
por tantas lágrimas que hicieron
barro con el polvillo de mis uñas
apretando el carey, para evitar otra lágrima
y mirar fijamente la uña limada, para
no demostrarle que estoy llorando.
ella sabe.
por eso llama
y la reclama.
ella quiere esa lima.
ella quiere mi lima.
ella quiere que yo deje de mirar su mango
de carey
ella quiere que la mire a ella
pero no la voy a mirar.
esa lima de mierda, me dice ella
esa lima de mierda no vale nada.
yo se.
yo se.
no le voy a dar esa lima de mierda
a esa que era mi amiga
y que ahora me llama
reclamándome
esa lima de mierda
de mango de carey
que no vale ni tres pesos
y que es mía
porque ella me la regaló
porque ella la compró para mi.
para mi cumpleaños
ella no tiene idea de lo que es cumplir 23!
Ahora me voy a ir corriendo
a publicar
este poema
en la revista de moda
para que todas mis amigas
sepan que ella me reclama la lima de carey.



Andy Nachon

de Warzsawa (Ed. Bajo la luna nueva, 1996)

Tapame los ojos:
hace frío detrás de las ventanas y este sábado
el invierno se disuelve entre nosotros. Da vértigo

tapame los ojos. No sé
qué hacer con este frío sobre mi cuerpo
algunas noches, reconozco
esa marca detenida en mis muñecas:
signo
que mostrar orgullosa levantando los brazos: “Esto
han hecho con mi cuerpo”. Así
como un refugiado muestra
sus dedos sin uñas y eso
se vuelve su último orgullo. El tuyo.
Da vértigo, el frío recortando cada objeto. Entre nosotros

llega otro invierno. Una papa
humeando desde un cacharro de metal –para ver
desde allí– los ojos del amo:
tapame la cara

mirando hacia adentro,
hacés té y leés
tranquilo al calor de la lámpara
afuera
el invierno golpea, no sé
qué puedo decirte desde este puerto: “hizo frío
y el día se extinguió lentamente – casi– sin dolor”. Ahora
se dan vuelta los ojos y sube el vértigo, cubrime la cara
tapá
este frío de refugiada que mataría
por el calor de una papa. Cuerpo

helado al costado del camino
– el mío– frente a una linterna
encandilada, para gritar: esto
han hecho conmigo. Mientras la noche
profunda se instala y corren
suaves gotas sobre las ventanas. – “No,
no deberíamos ser apacibles”–. Ahora:

ojos volcados hacia adentro
como quien dice – levantando los brazos–
“hagan
lo que quieran con este cuerpo”, en medio del invierno
vos
leés al calor de una lámpara y esta noche
se instaló suave, prácticamente calma.

de Taiga (Suscripción, 2000)


Sonics

Una cancha de basquet en la noche: quisiste ser
ese hombre y su salto
encestando preciso otro tanto. El vuelo
de tres pasos sobre el aire, sobre el mundo, allí donde todo gesto sea necesario.
Sólo hacerlo
y quien hace es:
el estadio, las luces, esa distancia que separa el aro. ¿Cuántas veces habrías fallado?
Deseaste y supongo
tus manos habrán temblado. Quisiste otro cuerpo
la historia del joven negro, una casa en los suburbios y partidos
que invadieran la madrugada. Velocidad y poder
podrías decirlo: que la fuerza esté a tu lado
en el salto
en el poder encestar un último tanto.

Hotel Bahía

Te expliqué qué era un minero
hundiéndose por galerías no conocidas –¿tan sola?–
pico y lamparita sobre la frente. Estrechos
pasadizos hacia abajo o grutas, te expliqué
que era yo ese minero
con la cara áspera y los guantes percudidos, tan adentro
sin extrañar la superficie y su cielo. Bajo tierra

–¿será crecer abandonar la veta?– más abajo más sola
podría haber dicho, esos mineros que de niños se hundían en la turba
arrastraban
los cuerpitos por grutas, por entrañas
detrás del calor que arriba
sería consumido
consumada así la búsqueda. Se intuye allí una mena

no hay calor arriba: reinan debajo los trozos del carbón
esta veta –pico y lamparita– la respiración pastosa
el cuerpo recordando, consumiéndose
en este adentro. Un minero

su propio piquete de huelga y los feriados del festejo:
bajo tierra, este ansia y su búsqueda
por galerías inciertas.

Surf

Un acuario estalla y queda sólo agua. No marejadas, agua
chorreando los pisos, cuerpos se sacuden sin ser peces
sin ser nada. Buscaste el caos y deseaste
los límites arrasados. Este acuario pierde contención y eso que fue algo es restos
reminiscencia: el juego
de las cajas chinas se termina y el mundo dentro de otro y de sí, se apaga. Caos:
ausencia
de un mundo que te sostenga. No hay proceso, no habrá
rebeldía que enfrente nada. Plantas antes erectas pierden boscosidad, cuerpos
son despojados
de cualquier potestad, un mundo dentro de otro y así. Has amado
la ausencia de fronteras
sin contar que sólo se ve nada. Tolera este sistema apenas un metrónomo, la mínima
alteración y tiemblan: grava, criaturas aterradas. Qué sistema. Ínfimas
irrupciones del movimiento inesperado. Este pez
marca su territorio y en él todo lo posible: soñás un mundo dentro de otro y así
se levantan cuevas, mareas, una sombra almizclada. El juego de las cajas chinas una en la otra
y sí, la historia:
un límite que te contenga. Igual se obsequia la última sonrisa
al desconocido que nos admiró, se cuida la temperatura o el control
preciso de los filtros. Algún mundo nos comprende, una en la otra y así, el sueño,
tu historia. ¿Buscaste la irrupción
del desorden del sistema para quemar tus ojos viendo nada? No hay tempestad.
Un mundo tras otro: destruir tu acuario y destruir
la presencia de vos en el agua.

de Goa (inédito, 1999/2000)

LADY

Tal vez porque apostamos a esas
cuestiones elegidas pero también
las dos o tres fatalidades y todo
el staff que nos soporta. Hablo de esa bolsita
flameante de polietileno, cómo protege
a la chica ucraniana
cuando cruza en la lluvia
la avenida y arrastra
el changuito de café. Ciertos asuntos: cómo esta mujer
llama belleza
a un perro tuerto.


LA HORMIGUITA VIAJERA

“Que tus deseos
se hagan realidad.” Se trata entonces
de precisar ciertas cuestiones. Total
pronostican frío
al llegar a la ciudad y vientos
capaces de arrastrar árboles,
personas. Así las cosas: a fuerza de no llamarte
llamé dos veces. Urgentes
cruzamos los suburbios y con ese plan
atravesamos en la ansiedad, el escalofrío: cuando sólo
podés ver rutas
y más rutas cortadas, zonas parquizadas
o áreas de recreación. ¿Partimos
hechos dos o tres pedacitos? ¿Dejamos un hito
más del recorrido? Tus deseos
hechos realidad: la superficie
tersa de la oscuridad y que las luces
de la autopista hagan una, para en el ritmo
no olvidar tu nombre y el sitio
adonde vas a despertar.

de Plaza Real (La Bohemia, 2004)



Corrientes

De amor quedará ademán
no amor: un profesional
alza los pinos sabiendo cuál
será la hora pico, cruces
embebidos de turistas o pirueta
rendidora a la hora
de contabilidad: hucha y monedas. De amor

resta el gesto

cuando capaces parecemos casi
de todo
hasta de hacer belleza: ese niño

recortado en la avenida, las botellas
arrasadas por vientos
matutinos chocan aires y ahí

qué te sucede para que veas
más
en esa acción ya
abandonado malabar, estremecimiento o pobreza
deja incluso de operar. Mendiga un niño al alba

reboleando botellas plásticas? Taxis y regresos
en ruina clásica – domingo
madrugada–. Digo: del malabar
tan sólo ademán
como de amor

aquí no más
sólo gesto. Comienzo del día o fin
en la tormenta. Más, cómo se construye

algo parecido a la belleza cuando
qué

hizo de éstas
nuestras historias de pasión posibles. Alza los brazos
detenido al alba en esa
avenida ancha y a la vez se estrechan
horizontes rosados ante él. Si en el mismo
carril vamos y dolor

resulta igual para ese
cuerpito o el tuyo abstraído
ante el ademán vacío
empresa
que iguala a la belleza. Alza una

botella de agua y pide como vio
pedir a aquel
profesional del malabar que no
no es igual a él. Niño
estancado en nuevos días
sin lugar para ese cuerpo suyo
– el tuyo– cuando de amor
restan gestos
incapaces de unir eso
que no es postal, presencia

digna a ser narrada si en pasión
el chico intenta aquello
bien imposible. Antes
otra tormenta hizo de estos
nuestros gestos probables. Brillaban albas,
jacarandáes y niño
donde el día comienza alza
confiado esas botellas Hay un segundo

mientras el aire traza malabares
vertiginosos por ellas Así , en amor sea.

de 36 movimientos hasta (inédito, 2000/2001)

11


Tomá mi sueño: llevanos – suavemente–
hasta traernos al borde
en la mañana, de regreso. Pido: “llevame con suavidad”.
Hacia los quehaceres, un acto que suceda al otro
dentro de la luz, del aire: cierta continuidad. Agarrame – a mí,
mi sueño– esa cosita para llevarte puesta
luego del desayuno, en el ritmo, el estruendo
de la cuchara girando un cuenco. Cereales
yoghurt o el tándem
que parecieras vos
más yo en la noche. Pero no. Tomame
– ¿tanto el miedo?–. Y más. Cuando ya sabés no
habrá regreso: digo, eso
que se lleva puesto, luego de la noche
hacia la mañana, con cierta belleza. Soltura
de tu espalda al darse vuelta – y está la luz
sí, detrás de la ventana, y más– el gesto
con que alguien trae hacia la cama
una bandeja. Alcanzanos, con gentileza, hasta algún mañana
cuchara, cuenco – otra vez para despertar en la novedad–, en ésta
jornada – sus trabajos– relieve
que cobra espacio bajo otra luz, otro aire
cruzado por vos, mi sueño. Así: más el miedo
empujanos entonces – en calma– hasta la mañana
su borde
donde termina la noche o el tándem, para los otros
trabajos o todos
los despertares que resten. Pero traeme
– un acto de fe, casi, te estoy pidiendo- como si el borde no estuviera, no hubiera más
allá de cierta continuidad. Sus quehaceres –una
y otra vez– taza, cuchara, cuenco. Tantos movimientos
de un punto a otro, da igual. Sí, llevame hasta allí
hacia la mañana –calmamente–.

18

Dicen hay una guerra por estallar. Antes
caminaste downtown, bajo moreras
ahora doradas y su canto
detuvo en escalofrío esa
llegada de otoño
hacia fines del verano. Dicen afuera
cosas hay por explotar, asuntos
más allá de moreras o caídas
súbitas del verano, su estallido
sumerge arboledas y a vos
en un mismo final. ¿Bailaron ustedes
el segundo piso
de esa ciudad de montañas? Aquí en las otras
montañas más al norte
danzamos hip hop entre quinceañeros
jóvenes de pueblito
sostenido por perros de caza y motorhomes
donde alguien deja a la mesa
un vaso con rosas. Allá afuera
hay nuevas explosiones, a medida
del canto y su historia – no las moreras–
dicen de guerras, tan cruentas y vos
pensás sólo el gesto
con que alguien preparó la mesa
el vaso y sus tres rosas
– dos amarillas, una roja– tanta gentileza
entre residencias transitorias.

12

Una segunda oportunidad: si hiciéramos corte
se filma de nuevo igual
que anoche cuando el tiro
en la mesa de pool fallaba una
y otra vez y Conni
reacomodó las bolas y dijo: va de nuevo. Otra opción,
pasar de la secuencia errada
al plano previo, cuando a la mesa del bar
estabas a menos
de tres movimientos: entonces sí
podía llegar. (Contalo de nuevo: “Es el estómago
el golpecito fuerte
si va rápido el auto y agarra una
bajada” contesta la nena
a su madre que pregunta cómo
es que está enamorada.) Hablamos de ese
subibaja con vos a tres
movimientos de mi mano
– y no llegué– igual que antes
la estrategia de rozar
apenas el costado a la roja y que así
corra leve hacia la derecha – Un beso,
dijo dave–. Otra chance
que conni acomode las cosas y se recupere el tiro
antes perdido. Pasemos por esto: movimientos
precisos hasta alcanzarte hasta
tenerte ahí. Tuc y un golpe
seco del taco
para abrir el juego
hacia otro lado. Botellas y ceniceros
a los bordes de la mesa el jaleo
de la noche del pub. Por suerte
nadie nos pregunta qué
es eso de amar. Subibaja o ruido
firme con que caen lisas
y rayadas en el estruendo al poner
la moneda necesaria, cierta
clase de intensidad. Conni prepara su estrategia
y yo
a infinitos movimientos de distancia
pido una
segunda oportunidad. Seguramente haya más y entonces
que sólo por nosotros hablen diagramas
– lisas, rayadas–, posición de la negra o ese gesto
con que alguien clava la mirada
detrás del taco y pregunta: ¿cuál
es la jugada?.



Maria Muro

Clitoriana.

Despacio
sin conciencia del espacio
lucidez preverbal
tacto yugular inquieto
tibia contracción de la espera.
Despacio el lunar
baja hasta una mano
y hay lenguaje rebanado
casi ausente.
Despacio
sitio de espera intermitente.
Mojo sus labios
mojan mis labios.
Toco sus labios
tocan mis labios.
Horadamos el tiempo inaugural
del frenético espacio
que de desliza en contradanzas
aleteos y sinuosidades táctiles.
Su nudo respirado
se mueve mensurando la carencia.
Voces que bifurcan
un tropiezo infinito.
Pequeña
es la muerte.
Vibra.
Vivo.

Yo vi un parterre
de carne no develada
semidormida.
Fulgor entre labios entre sábanas
Parpadeo volátil.
Un salto inmortal del insomnio
a la ley antifísica que me absorbe.
Fui materia rebosante en penumbras
espacio de doble filo
abismado a un eco cristalino.
Asustada por las grietas
que gritan
dos pequeñas vasijas
burlándose de los proverbios
las doctrinas
y el vacío.

Me como el deseo
Lo preparo con leche
Saliva de mañana
Cascarudos en las esquina de las sienes
O cascabeles en la punta de la nariz.
Abro y cierro
Abro y cierro
Cuando revuelvo tijerita en mano
Miro todo
Me gusta mirar
Como el deseo
Se va cortando
Tiritas líquidas en papel secante y punzón labial.
Entonces me lo como
No con los dientes
Sino con los labios y la lengua
Lo trago
Lo que queda [siempre sobra]
Se guarda en una cajita de cedro
Con canela esparcida
Envuelta en hierbabuena
Y se escupe
A la brevedad
Sobre el bajo
O el cuerpo aparecido.
En caso de sobredosis
Si la fiebre azota
O brota espesa la angustia
Sorbo a sorbo
Sobar el velamen o la piel desguarecida
E intentar diferenciar
Entre deseo propio
Y ajeno.