no entiendo
muy bien las cosas por la mañana, miles de luces moviéndose
en algún punto entre mi nariz y mis ojos. antes aquí
solía haber un jardín, una casa conocida sólo
en sueños. Invento cascadas de palabras para vestir mi
desnudez
/
el oeste las estrellas el alivio y la desesperación.
amasarme un alivio de miga de pan, una calma de a ratos, un
sosiego de mentirita. si sólo pudiera dormir un poco
tal vez al despertar te cocinaría una tarta de manzanas.
hoy visto ropas con un brillo del que carezco.
/
fui expulsada del útero hace unos instantes. sin dolor,
sin frío, cansancio o sueño. sólo hambrienta
y totalmente enceguecida.
/
duérmete niño,
duérmete ya,
que viene el coco
y te comerá. escamas,
horrores del ocaso, despertar al día de sol, salir
del sueño, esa cárcel mullida y narcótica,
inciertos pasos de cervatillo, centenares de horas de sueño
lo hacen todo irreal. encapsulada, juego al oficio mudo.
/
protozoarios, vistas desde el último piso, todo muy
tranquilo, relámpagos o son las luces de la ambulancia,
uno de los tres tiene que salir de la jaula cada tanto para
dejar espacio a los otros, mirar una pechuga metamorfosearse
en ciempiés marino.
/
quemamos lo que queda de tierra para asegurarnos que no crezcan
malas hierbas.
/
estuarios resecos, uvas avinagradas, un líquido frío
y viscoso que cae entre las piernas. ya no tengo miedo, fabriqué
un agujero para cada una de tus púas.
/
no sé cómo hizo mi lengua para llegar hasta
acá.
/
me encanta que mientas, me siento correspondida.
/
evitando en todo momento caer en una podología vulgar,
me autodiagnostico un callo en el pie derecho.
/
felicidades, te auguro un brillante porvenir de ama de casa.
/
arriba el telón, a salir a escena por primera vez.
oímos tus dientes golpearse desde acá.
/
somos cobayos tras un cristal esperando que alguien venga
a revelarnos la verdad.
/
todo leproso mira con envidia la carne intacta.
/
monjas de blanco para mi decadencia, alucinaciones en la alfalfa,
te miro porque sos lo más lindo que hay para ver por
acá, subíte a mis dedos. intento lastimarte
y luego de un rato lo logro.
/
puede ver en el bosque la edad de los árboles, la edad
de todas las cosas. al final de la vagina hay una luz blanca,
dice, se oyen sonidos peristálticos, la cabeza pesa
como una granada madura. lucís algo nazi con tu rape
a cero y esos borceguíes, pero estás detrás
y eso es lo único que importa ahora.
/
otra noche luchando contra el papel siempre dispuesto a saltarme
a la nariz. lo indecible se me encoge adentro como una serpiente
de coral: mis sustitutos de la realidad funcionan a la perfección.
será mejor que salga de acá antes que amanezca.
/
me bañan y perfuman, asisto muda a los preparativos
para la desfloración. viajero amazónico, la
ancestral noche de la selva se cierne sobre tu espalda.
/
se abre y es rosada y dulce, mezcla de fruta roja y extraña
flor nocturna.
/
cazadora de orgasmos porque sí, sabe encontrarme la
noche escapando de almas lúgubres. ¿qué
esperaba? ¿una decena, una centena? pues no. vuelvo
corriendo, viajando veloz hacia el poniente.
/
el cielo gime un atardecer de fuego.
/
traté de alcanzarte, arena entre los dedos, agua entre
las piedras, unos hongos secos que sacamos de una bolsa, qué
hacer si el fuego ya no quema como antes, seguir remando,
remando entre nubes de sal, nada pasa, apagar la radio para
oír la lluvia, corazón de roca, muda de corazón.
/
desierto de chocolate, Nick Cave corriendo el colectivo en
Liniers, ángel caído atropellado en la ruta,
muñeco vudú bajo las sábanas, ser limpia,
sana, enferma, azul, nadie me salva hoy, con este sol bestial
a quién va a importarle si morimos.
/
el tren avanza por el túnel como un topo, como un falo
con su ojo ciego en el extremo, los ojos lloran lo plateado
que hay en mí, ancianas que envuelven en abrazos de
naftalina y pastillas para la tos, que nada pueda ser peor
que esto es un alivio, hoy es horrible, ¿cómo
creer que mañana será mejor? hoy él me
lleva más rápido que nunca y por favor, que
todo esto sea real, que si es un sueño ya lo creí
demasiado.
/
soy de hielo, nadie me toca. sólo el espejo sabrá
de mi mueca más horrenda.
/
estoy dura, oruga, Roberto con los labios rojos cantando para
mí, compro a una anciana un pastel de higos ¿debo
alabarte, mi rey? caer así a tus pies, so painfully
beautiful, caricias como navajas, erizo azul guárdate
tus púas.
/
un lagarto aparece tras las hojas, la pareja de japoneses
mirándome con extraños ojos, llamándome
a su cama, sillas de ruedas, camillas, aparatos que obligan
a yacer con las piernas muy separadas, un paseo con el predicador
nos devuelve la tranquilidad, huérfanos, no importa
si volvemos tarde a casa,
/
él busca a Dios entre mis piernas y a juzgar por su
expresión parece que lo ha encontrado.
/
te arrancaría el útero y lo pondría a
secar al sol con sal gruesa y ají molido.
/
montada en mis tacos altos no podrá alcanzarme la tristeza.
/
a lo lejos ecos de truenos. despertarme temprano, quedarme
sin yerba, sin hierba, hacer un budín, batirlo lentamente,
crujientes cadáveres de cucarachas en los rincones,
aplastar alguna y ver cómo la vida se le escapa por
el agujero cloacal.
/
el cielo se nubla mucho y violeta.
/
silos llenos de cebada, fácil, muy fácil, aquí
nadie puede vernos, he olvidado lo que es una caricia, época
de no mirar más que con ojos de lobo, me mantengo sigilosa
como el cazador camuflado entre arbustos a la espera del momento
de distracción de su presa.
/
los omóplatos como hermosísimas estructuras
vestigiales de antiguas alas.
/
para el que sabe ver no hay universos vedados.
/
acurrucada en el escalón de una de las escaleras de
emergencias, contemplando el polvillo acumulado durante años
en los huecos del hormigón. dolor de cabeza. dolor
de cabeza. dolor de cabeza. nadie va a buscarme aquí.
sola en una playa congelada, las estrellas llueven sobre mi
pelo. por la mañana despierto saboreando agua salada.
viaje bajo el mar, la sal destiñe mis vestidos, encuentro
los cuerpos de mis amigos muertos. alguien que no tiene ojos
me toma de la mano y nadamos a una velocidad inverosímil.
cuando mis oídos están a punto de estallar el
ser a mi lado golpea a ambos lados de mi cabeza y me libera
del malestar. extraña calma, no respiro, sólo
escucho los latidos de mi corazón.
/
no hay como naufragar en el lugar donde mueren las palabras.
/
cuando bastaba el amor para solazarnos en finales de jornadas
de verano.
/
los ruidos del estómago despiertan a los pájaros.
estrellas de sol en el azúcar, lomos plateados de las
olas, muebles lamidos por la rompiente. Kenny está
al piano, Charlie pulsa las cuerdas y ninguno sabe qué
es el amor. se ponen sus mejores trajes, preparan martinis
secos, el viejo Buk eructa y todos aplauden. tocar el botón
equivocado sería echarlo todo a perder, reconocer que
el lobo se esconde en esa boca dulce como las uvas últimas.
justo cuando la luz baja cada chico toma a una chica de la
mano y se refugian entre los árboles, con botellas
de vino, frente al río, pero el número es siempre
impar. no ha llegado aún el tiempo del azúcar,
restan leguas de caminar sobre el agua y arder.
/
explosión de pimpollos en las venas, garganta tapizada
de flores, pétalos que el sueño del mal ha vuelto
negros.
/
en la alta noche pasos, un soplo apaga las lámparas
de aceite. el roce de una túnica anuncia que está
aquí, al pie de la cama, esperando que abra los ojos.
/
envuelta aún en las brumas del sueño entre las
sábanas de este ataúd en que descanso y en que
vivo: una puerta se golpea hierve el agua el sol quiere entrar.
/
hada madrina, ¿donde estás? hacéme escapar
de la oscuridad de mi alma, amamantar a mi pequeño
hijo al sol, la visión del eclipse le daña los
ojos, ambos morimos camino al hospital.
/
llegar con la satisfacción del trabajo realizado, hacer
el amor sobre la cama recién tendida,
durante toda la noche arrancamos las escamas donde antes teníamos
la piel.
/
adivinas el futuro en la textura del semen con tres días
de abstinencia. abandonas la caza que huye hacia el frente.
creo ciegamente en los dictados de mi carne a los que me someto
con sumisión, como la esclava más dulce. ¿perderé
el rumbo ahora que perdí la conciencia? extraño,
envuélveme en plumas sedosas y negras: cuando ya no
quede más ropa por quitar será hora de arrancarnos
la piel y sentir en carne viva cómo las agujas gélidas
del dolor se transforman en un nuevo pelaje.
/
quiero saberte, es en el descenso en donde te nombro, en la
encrucijada de los vientos. demorándome en los frutos,
te cubriré con azúcar escarchado y con mi calor
te harás almíbar:
podré comerte.
/
alegrémonos: el algo encerrado en tu carne hoy descansa.
/
las sábanas que albergaron multitudes hoy escupen castas
de súbditos traidores. el rey perfora, el rey horada,
viva el rey.
/
llegas en los días húmedos, la entrada se hace
suave y salival. te vas dejándome perlas en el vientre.
mientras respiras Cecil muere, lejos. el miedo es una cárcel
sin rejas. la noche se abre como una prostituta vieja en las
pupilas del insomne.
/
cuando todo hace agua, aprendés a achicar por primera
vez. una vez reparado el bote entrás al mar de espaldas,
en los ojos la lujuria de un marinero joven.
/
tenemos, en la alta noche, besos en los párpados para
calmar el ardor de ser, y refugios construidos con palabras
que nunca nos protegieron de nada.
/
ansiedad ante una puerta cerrada, vida y muerte detrás
, imposible dado de dos caras, dos palabras que de pronto
cobran demasiado sentido. color blanco y sillas duras para
la espera, no tranquiliza intuir el resultado. aunque digan
que viviré eso sólo significa que la muerte
decide darme otra vuelta de ventaja.
/
condenada al lugar del deseo donde el dolor restriega las
alas y rotura el pecho, vacían mis cuencas panteras
sin nombre.
/
la sonámbula que fui no deja en paz a la obediente
niña que intento ser. no fui distinguida con el don
de la alegría, ni me han sabido decir por qué
hay infinitas formas de enloquecerse y tan pocas de calmarse.
sin sigilo sin sosiego sin silbidos ni zumbidos sólo
lágrimas a punto de caer desde las cuencas vacías.
/
viaje al interior del ojo, túneles de carne, de a poco,
introduciéndose en lentas porciones, comiéndonos
para saciar hambre de siglos, veo la unión entre todas
las cosas, pero no puedo ver la red invisible, me toco el
vientre, un hueco, parir en medio de la selva porque él
es selva, es río, árboles, tierra, intuyo a
mis hijos en una gota de agua, en las estrellas parpadeantes,
amanece, lejos. dolor de estómago, duerme, duerme,
y yo miro todas sus fotos. arañas en las manos y las
miro pero no están, y lo sé antes de mirar,
duerme, duerme, la planta nos ha dado lo mejor de sí
y ahora transpira en su jaula de cristal.
afuera los murciélagos chillan, impacientes, en las
fotos sosteniendo una boa, hermoso duendecillo mío,
solo en su casa sin muebles, su cara muta y da miedo. sólo
nos movemos entre dolor y no-dolor, en intervalos tratamos
de sonreír.
/
pasamos meses sin vernos y cuando nos reencontramos curo tu
espalda ampollada, soplo para que no arda el alcohol. duendecillo
mío, tanto ardor fue posible gracias a tu ausencia,
ahora estamos cerca pero la grieta se ha abierto entre los
dos, dejándome de este lado, fría como roca,
con la memoria de quien supo ser más leve que el aire.
/
está frío, está frío, hay que
calentarlo más, eh, ¿pero qué es esa
carita de asustado? esto recién comienza, amor ¿estuvimos
lo suficientemente cerca? él está en la selva
y yo estoy por desnudarme ante brazos ávidos de encontrarse
con la musa, nunca alcanza con que alcance.
rendíte al sueño, guardián que pone cadenas
en los párpados, pequeño príncipe, aquí
estoy para velar tu descanso ¿me aceptarías
a tu lado sólo para verte dormir?
/
siempre charcas, bañeras, océanos con olas gigantescas.
en sueños de Guadis me secuestran y todo es desolado
y confuso. el edificio de Raymond tiene olor a hotel de vacaciones
en el mar. ese olor es George didgeridoo flauta de bambú
Amazonas ayahuasca y sobre todo hartarse en los cuerpos, Amor.
pero también es la nena abandonada llorando porque
George se fue a la selva y al volver limpiándole la
sangre de la cara curándolo con aloe parada en el estacionamiento
bañado de sol de un hospital municipal jugando con
la sangre cristalizada en algodones dentro de los bolsillos.
alguien me habita en sueños. su vigilia es mi pesadilla.
/
en las horas altas de la fiebre un primer coágulo repta
hacia abajo y luego otros, más oscuros, prosiguen el
tránsito sigiloso. el miedo nunca descuida sus huevos.
/
a lo lejos el viento mece el cuerpo de un ahorcado. la mandrágora
aguarda ávida el sonido del cuello quebrándose,
la garganta boqueando inútil, el espasmo último
que derrame el semen tibio que es su alimento.
/
terciopelo de pasos esperados con ansia salvaje, el cuerpo
entero en alerta. una salida, no sé si al sol o al
sueño, barcos dorados, en noches de tormenta se oye
el gemir de un ahogado.
/
toda la noche esperando oír la palabra que demude,
aguardando entre mandrágoras sobre el semen que dejó
el espasmo último del ahorcado. llegó el tiempo
de mudar las pieles, la belleza que bebe del horror no tarda
mucho en mostrar su peor cara. toda la noche sobre el semen
de los ahorcados, heme aquí, oveja negra retornando
al rebaño.
/
ninguna visión futura podrá superar este sueño
en que Dios es un punk rubio que tiende su mano y dice: "ven".
/
destroza revienta el tímpano ángel desamparado
de almendras en los ojos y ardorosas zarzas del más
remoto cielo la espalda en delay salta a la lengua que sólo
anhela sal en el momento de más sed hierve mi sexo
mendigo en el hotel de tu piel albergue para lobos cazar todo
el tiempo cansa y cansado no podés cazar una vez abiertos
los ojos no habrá otro destino posible que esta luz
de ensueño.
/
la escarcha ha caído sobre el valle de duraznos, franja
de nubes en un falso Sinaí, con el tiempo nos volvimos
lejanos como estrellas pero mucho más fríos. |