Pornografía Cotidiana

Pablo Lezama



En la cancha

Patea una bola con fuerza descomunal
atrapando miradas fervorosas.
En especial, la carnosa parte
que va desde sus botines hasta el insinuante pantalón corto
copia el porte de un potrillo.
Resulta imposible que las manos se encarguen del control remoto
ante semejante espectáculo.


Pornografía cotidiana

Dos faroles.
Dos rifles.
Una tabla de lavar.
Y todo en un mismo cuerpo.



Ferreira Gullar

Traduzir-se

Uma parte de mim é todo mundo
Outra parte é ninguém, fundo sem fundo
Uma parte de mim é multidão
Outra parte estranheza e solidão
Uma parte de mim pesa, pondera
Outra parte delira
Uma parte de mim almoça e janta
Outra parte se espanta
Uma parte de mim é permanente
Outra parte se sabe de repente
Uma parte de mim é só vertigem
Outra parte linguagem
Traduzir uma parte na outra parte
Que é uma questão de vida e morte
Será arte ?

Ferreira Gullar
do disco "Traduzir-se" – Raimundo Fagner



Graciela Diaz


Konstantino Kavafis (1863-1933)

Esperando a los bárbaros

¿Qué estamos esperando, reunidos en el foro?

Es que los bárbaros llegan hoy.

¿Por qué tanta inacción en el senado?

¿Por qué los senadores no legislan?

Porque los bárbaros llegan hoy.

¿Qué leyes van a dictar los senadores?

Los bárbaros, cuando lleguen, harán las leyes.

¿Por qué nuestro emperador se levantó tan temprano

y en la puerta mayor de la ciudad espera sentado

en su trono, solemne y coronado?

Porque los bárbaros llegan hoy

y el emperador se dispone a recibir

a su jefe. Incluso ha hecho preparar

un pergamino para entregárselo,

y puesto allí muchos títulos y epítetos.
¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores han
salido hoy
con togas rojas recamadas?
¿Por qué se han puesto brazaletes cuajados de
amatistas
y sortijas de resplandecientes y destellantes
esmeraldas?
¿Por qué llevan hoy preciosos bastones
exquisitamente cincelados en plata y oro?
Porque los bárbaros llegan hoy
y cosas como estas deslumbran a los bárbaros.
¿Por qué nuestros hábiles oradores no acuden como
siempre
a pronunciar sus discursos, a decir sus cosas?
Porque los bárbaros llegan hoy
y a ellos los aburren la retórica y las alocuciones.

¿Por qué han comenzado esa inquietud
y esa confusión? (¡Qué serias se han puesto las
caras¡)
¿Por qué se están vaciando las calles y las plazas tan
rápidamente
y todos regresan a sus casas tan desanimados?
Porque ya es de noche y los bárbaros no han llegado.
Y algunos recién venidos de la frontera
dicen que ya no existen bárbaros.
¿Y qué vamos a hacer sin bárbaros?
Esa gente era una especie de solución.


Ana Lema*


El velatorio

El muchacho y la muerte

bailan en el monte.

El gira guiado,

sobre sus zapatos de espinas.

La muerte lo condecora.

El muchacho de gillette en la garganta,

cae seducido .

Ebrio se deja arrastrar hacia el silencio, oscuro, oscuro.

Sobre trenes

Que los ciegos voluntarios

se nieguen a seguir siéndolo.

Que aprendan a escribir un poema en libertad

sobre el tercer o séptimo vagón de un tren.

Que conduzcan el vagón hasta la estación

de Pergamino.

Que armen una fiesta

que estén todos invitados.

Que la gente lea el poema y

que cuando amanezca,

se eleven en el aire

y

vuelen

iluminados

hasta la esquina del boulevard.

Que los vendajes desaparezcan para

siempre.

*Ana Lema: (Argentina, 1973) es poeta, narradora, docente de inglés (Stevenson College, Edimburgo, UK) y alumna avanzada de Periodismo y Comunicaciones (Univ. Argentina J F Kennedy).

Posee una plaqueta editada: “Babilonia” (febrero 2004) y un libro de poemas: “Mapas, (edición de autora, mayo 2004).




Diego Manso

Jápines

Para Hernán

Y nunca quise hablarte de nidos de amor,
sino de trincheras.



Nos quedamos hasta más tarde para ver el acuario.
Cuando hay mucha gente los peces se esconden.
Ahora somos dos y ellos salen de entre las plantas:
miran cómo los miramos,
se arrebujan,
se contonean en torno del playmovil con escafandra,
mueven las colas como foxterrieres.
Yo tengo una gargantilla con púas.
Vos unos anteojos de cantante ciego.
Esas cosas deben darle miedo a los peces,
porque sus ojos se vuelven más redondos
y sus boquitas parecen soltar órdigas y repámpanos.
A veces, entre mirada y mirada
- cuando vos me das tus ojos y yo los míos -,
notamos que quisiéramos ser como los peces:
tener la cara así, achatada de apoyarse contra los cristales,
y en la panza un sinfín de colores alineados, todos en degradé.
Nosotros tenemos estas manos que a ellos les faltan:
a menudo las usamos para tocarnos.
Eso es algo que nos conforma.

Nos quedamos hasta más tarde, entre las barreduras,
orando en un lenguaje de agallas y opérculos,
tu mano al trasluz de la pecera,
mi mano sobre el agua, acariciándola.
Absortos ya los dos en el confín del tacto,
los peces suben a besarnos.

(No sabemos si somos el trasluz,
el agua, los peces, o mismamente la caricia.
Si somos esperanto o volapuk del amor.
Si somos de alguna jeringoza el badajo.)

Y los peces suben a besarnos.
Rendido,
tu sueño es un panorama de enmalles y espineles.
Así te guardo en el cuenco de los ojos:
embobado
miniatura
huerfanito de convento
combadas las líneas de tu cara.
Así te guardo, príncipe color de carne,
heredero de nadie,
sucesor de nada,
en cápsula de besos escamados,
te guardo.

Y los peces suben en una espiral de burbujas.
Seltz de pecera.
Soy un reflejo escarchado en el vidrio.
Me llamás esturión o lamprea,
dorado o rana pescadora.
A veces me llamás con un chapoteo corto:
yo acudo de Báltico o de China,
estampillado vengo, pez volador,
rodaballo, velamen, sardineta.
A cuantos fueran mis nombres,
acudo.

Nos quedamos hasta más tarde para ver el acuario.
Ahora somos dos,
y el silencio es el último surco de un tocadiscos muerto.
Los peces salen de entre las plantas. Se arrebujan.
Tu idioma es la contradicción entre el cuerpo y la palabra.
Mudo y sin mentís te removés en brincos y croles.
El mundo es tu pecera.
Dejé mi corazón en el desove.

No te dije que la felicidad era esto:
cargar el dolor en la complicidad de las simetrías.


Récipe

Amor,
llené la heladera con cartones de jugo tropicana
para que el invierno no te pille desprevenido
y abandones el martirio de los catarros y las ventosas,
el cof cof que te obliga a tenderte de lado en la cucheta,
aferrado a un cojín que no podrá decirse idéntico a mi cuerpo.

Te planché las camisas. Los frunces, los volados.
Cambié las ballenitas. Cosí innumerables botones.
Acomodé las prendas en el perchero formando un degradé.
Abandoné mi corazón junto a la naftalina, en un bolsillo íntimo,
entre los overoles y el capote de brega.
Mi corazón que fermentará en un lugar oscuro,
apartado de los malos aires, eremita de buhardilla,
como un charqui o un rebojo que almorzarás cuando te plazca.

Puse mi retrato en la repisa. Pasé el plumero
y luego puse mi retrato en la repisa,
en el estante donde tus muertos asoman sus cabecitas de foto carné,
cerca de la desatanudos y el equeco,
donde un ratón de caracolas anuncia tus “recuerdos de Punta Arenas”.
Algún día me prenderás una vela,
que será blanca como exigen los piadosos memorandos,
blanca como la vajilla que lustré y apilé en el secaplatos.

Colmé los frascos con fideos.
Raspé el fondo de la azucarera.
Pulí los bronces
y mi nariz fue gigantesca en el reflejo de la platería.
Dispuse sobres de lavanda entre tus calzones.
Me quedó tiempo y amasé una pasta frola.

Cuando regreses querrás saber si alguna vez
mis huellas dactilares habrán rozado tus contornos.
Seré un leve rastro, tal vez el olor de un potaje.
A lo mejor ni siquiera adviertas
que doblé los repasadores en perfecta simetría.

No sé qué pensarás cuando regreses,
cuando el fantasma que habita en tu sábana
te susurre la mano que impregnó el almidón,
la que bordó de iniciales el embozo
y escardó el colchón donde vas a reposar afrechos y fajinas.

A veces me recrimino tanta diligencia.
Soy tan hacendoso como una puta triste.

Pasatiempos

Él me dijo que con esa campera se sentía poderoso.
Un as a la hora de las determinaciones.

Yo le dije que cuando uso este rosario con cuentas de madera
me descubro valiente y eficaz,
que soy de pronto un héroe doméstico.

Él me dijo que va de fiesta en fiesta para evitar la abulia.
Que tiene armado un cronograma.
Lo escribe con marcadores bermejos.
Hace círculos y cruces.
Traza empalmes y anota sugerencias.
Ha inventado un sistema de clasificación para las fiestas
basado en la intensidad de las luces estroboscópicas.

Yo le dije que tomé un ácido con forma de Winnie the Pooh
en el baño de Réquiem.
Que me pareció una osadía inútil.
Que la felicidad habita dentro mío como un páncreas
o una epífisis,
que sólo es cuestión de pensar en ella para saber que está ahí.

Él tiene muchos lunares en la espalda.
Lunares numerados.
Se tendió en la cama y con un bolígrafo seguí los puntos.
Quiso disuadirme explicando que otros ya lo habían intentado.
Pero yo tengo la felicidad dentro de mí,
sé dónde queda y la uso.
Voy trazando confluencias y bifurcaciones.
Ahora aparece un puente y luego el margen de un río.
Después una góndola y más tarde un árbol precioso,
el tronco recto y la corona redondeada.

Él me dijo que cuando se pone esa campera
y se siente poderoso no piensa en al amor.
Que ayer la mandó a lavar
y especuló con que estaba enamorado de mí.
A veces le pasa que piensa en mí entre fiesta y fiesta.
Piensa en mí en los taxis,
sobre el mostrador de la lavandería
antes de que le devuelvan la campera con superpoderes.

Cuando me quito el rosario me vuelvo infantil y absurdo.
Me lo olvidé en su casa y tardé un semana en recuperarlo.
La señora de la limpieza lo encontró bajo la cama
y lo colgó de un perchero.
Él me reveló que no quiso ni tocarlo,
que le daba repelúz.
“Durante toda esa semana
anduve madurando la idea de quererte”,
estuve a punto de confesarle.
Pero justo él me devolvió el rosario.

Él tiene muchos lunares en la espalda
y yo tengo un bolígrafo en la mano.
Estoy a punto de completar el dibujo.
“Es un paisaje”, le digo.
Él corre a mirarse en un espejo.
“Es un paisaje”, me dice.
Ajá, es un paisaje.

El primer día le mostré mi colección de postales.
Guardo el mundo en una carpeta foliada,
con carátulas que dividen continentes.
Ahora él se mira en el espejo y recita mis postales,
en orden, no se olvida de ninguna.
Tengo una postal que reproduce
exactamente el dibujo de su espalda.
No me resigno a pensar que su espalda reproduce a la postal.
Su espalda es anterior al mundo.

Después se sienta y me observa.
Dice que tengo los ojos muy verdes,
piensa que todo lo debo ver de color verde,
que cómo hago para vivir
si a mi alrededor todo apesta a naturaleza.
Supone que leo libros de pasto,
que duermo en camas de pasto,
que me enamoro de hombres de pasto.
“¿Yo soy de pasto?”, me pregunta.
Entonces prefiero irme.
Me cuelgo el rosario al cuello y desaparezco.
Me voy a mudar a una postal.

“¿Soy de pasto?”, repite.
Me quito el rosario y regreso a la escena original.
Le digo que me cuesta,
que hace tiempo que vivo en un microcosmos de ausencias.
Él me dice que no quiere usarme de apósito protector
para sus heridas.
“Mostrame la espalda”, le pido.
Él tiene fibras y crayones en una lata vacía de lychees
que usa a guisa de portalápices.
“Traela”, la señalo,
y el rayo láser de mi dedo índice dibuja una elipse.
Entonces le coloreo el dibujo de la espalda.
El cielo y el río.
El árbol y la góndola.
Los pájaros, que son variopintos.

“Pronto se acabará mi rutina de fiestas”, se persuade.
Mañana se comprará una campera nueva.
Mañana me voy a atar otra cinta en el tobillo.
No nos veremos por varios días.

Ineludible

Las ocupaciones superiores son superiores a mi metro setenta de estatura.
Son superiores a la altura de mis zapatos.
Son superiores a la distancia que cruzo entre el bordillo y la acera.
Son superiores a la necesidad de escupir un chicle remascado por la ventanilla del taxi.

Las ocupaciones superiores son superiores a las sobras del desayuno:
una tostada
un cruasán
una madalena
un plato relamido de mermelada.
Son superiores al decoro de lavar la vajilla y dejar la mesada sin una miga.
Son superiores a Dios mismo:
un dios de plastimasa puede ser
un tótem
una foto de James Dean.
Son superiores a las plegarias, a la letanía de un solo nombre.

Las ocupaciones superiores son superiores a mirar al gato que se acomoda en la cornisa.
Son superiores a todos los gatos del Botánico incluso
a los gatos de los hospitales
a los gatos de las viejas locas que alimentan gatos
a los gatos amaestrados del Circo de Moscú.
Son superiores a desnudarse para buscar el sueño.
Son superiores a desnudarse para ir a la ducha
al propio manoseo
a la playa nudista de Chapadmalal
a encontrarse en un espejo y decir: "esta es mi teta y le pongo un nombre".

Las ocupaciones superiores son superiores a preparar la boca para un beso.
¿Qué vale un beso?
Saliva
microbios
lenguas como sapos con espasmos
muelas cariadas
pastillitas de mentol.
Nada. Poco menos.

Las obligaciones superiores son superiores al terror de volverse cotidiano.
Ser el color de una pared
el agua de un grifo
una parva de colillas.
Ser lo que se prende y se apaga
un lirio de plástico
una tijera sin punta.
Ser para vos ese mueble que te falta:
un perchero
un pupitre
un vargueño.
Lo que sea.
Un comodín. No importa. Parece ser que estoy para cosas chicas.
Un secreter puedo ser.
Una borla.
Un zócalo.
La alfombra puedo ser, pero no me animo.

A lo mejor puedo volverme simplemente ubicuo y entrar como un viento bajo el burlete.
A lo mejor me vuelvo pasta de dientes.
A lo mejor me vuelvo un toldo para el verano.
A lo mejor me vuelvo elemental y útil como el gas de la hornalla.
A lo mejor me olvido que a mí también me demandan
el Aconcagua
el safari del fin del mundo
la estampita con mi porte y mi cinturón de tachas
la caza de ballenas en Puerto Pirámide
un busto laureado en Père-Lachaise.

Yo también camino unos milímetros al ras del suelo.
Yo también estoy pagando mi derecho de piso.

Diego Manso nació en Buenos Aires en 1976. Publicó La rabia en el vientre (La Bohemia, 2001), libro que presentó en Zapato

Todo de “Jápines” (inédito)
Diego Manso



Ivan Buenader


TENDENCIA

No vale decir belleza
para que sea bello
ni vale decir amor
para que lo entiendas.

Especies animales extintas,
columpios que no progresan,
habitaciones urbanas,
filósofos recontramuertos,

filitas

delgadas

de palabras

sueltas

para describir la belleza
de la que no vale hablar.

La planta de chaucha se enreda
como ese anillo a tu dedo
de diamantes
de pimpollos
que la babosa se come
que el joyero cotiza
por debajo del valor.


La babosa se relame y deja
sobre la enredadera
un rastro, una estela
brillante y mohoso
saborea
el recuerdo de la calva que suda
glotona, complacida, excitada
del joyero.



Sofia Scardó

ODDYSEAS

Odiseas por el viento
Cinco recuerdos caerán
Y un pensamiento quedará
Y caerá

Destejiendo un paisaje
Con la lana, ¿qué harás?
¿Qué harás si no vuelve,
qué tejerás?

Odiseas por los mares
Si no te atas te lanzarás
Te atraparán las sirenas
Y un pensamiento quedará
Y caerá

Destejiendo tus dolores
No se abriga el corazón
Y vendrá con piel de cordero
¿Y qué harás, qué harás cuando vuelva,
qué tejerás?

Odiseas por el viento
Cinco recuerdos caerán
Y un pensamiento quedará

Odiseas son los viajes que te esperan.


RAYUELA

Rayas y más rayas en el suelo
Saltas en un pie buscando el cielo
¿Quién quiere caer?

Reina Mora, grulla vieja, peregrina
Con tu pata coja chumbas la piedrita
Saltas por las calles, por las avenidas.

Rayos y más rayos en el cielo
Saltas en un pie aprendiendo el juego
¿Quién quiere caer?

Reina Mora, grulla vieja, peregrina
Con tu pata coja chumbas la piedrita
Saltas por los puentes, túneles y vías.

Rayos y centellas en el cielo
Saltas en un pie en un gran tablero
¿Quién quiere caer en el infierno?




Andrés Aldáo

Índice de obras


Reflexiones
Prefacio y confesión
Chamuyo de Saúl…

Réquiem para una ciudad difunta
Esta murga se formó
Lucía baila el tango
Virolita
Aserrín Aserrán
Recorte amarillo
Ojos celestes
La sonrisa
Las dos muertes de Tomás Achille
Cuesta abajo
Tía Julia
En busca del paraíso perdido
Nada + nada = cero
Mañana hay que madrugar
El Turquito Baltasar
Luciano Peralta
Qué gente mas sucia
Mové la cola
El cortejo
Hombre viejo y cansado
Olga Galleguita
Costurerita que diste el mal paso




Dj. Buenmozo ("Ágil ")


ruedo
me acerco
tanteo
traspaso y vuelvo
avanzo
me quedo
disfruto
pero no entiendo
discuto el evento
me aflojo
escapo en silencio
disiento
miento y me arrepiento
suelo mirar el suelo
también el cielo
solo que
experimento el encuentro
me acerco
tanteo
traspaso y vuelvo


azúcar lila
nadando en agua marrón
a altas horas
un ciclón de luz
que suave es tu planear
no lo puedo lograr
en mi agua marrón
un sillón en el interior
deteriorándose
salgo y me interno
un ritmo intenso
un efecto lila
en un segundo
una vida
en un flash un sopor
dulce niña

2000 metros llanos
que ganas de correr hacia el mundo
me estoy preparando
por las mañanas rodando
no detengo mi marcha
sin falta entreno
y estreno mi bufanda
color carmesí
así tengo menos frío
que lío es todo esto
tanta gente desolada
tanto perfume espeso
igual me entreno
adquiriendo destreza
se hizo un poco tarde
igual progreso
ya casi sin aliento
recorro los últimos metros
de este pensamiento
pero yo
sigo despierto

¡paganos!
de golpe
da un golpe
se cierra
se esconde
verbera mi alma la verdad
son resabios de maldad
tu dulce dualidad
resaltará
minutos amargos
discos de fuego al fin
se mueven como dandis
lanzando dardos
danzando bárbaro
sin dañar al mundo musical
mutuos muslos al bailar
¡paganos!
grita alguien en su ritual
Busco “el fetiche brillante que se adaptará a tu deseo” Roland Barthes


2
Delicadas prendas se llenan de moho en un canje
Cerca de los libros del Che Guevara y un disco mío
Un sonido a río humedece todo el voltaje paralelo
Esa corriente nos lleva hacia un círculo perfecto, Mónica

8
Te toco y parece líquido el olor
Siento que somos palpables y etéreos
Los campos se han ido muy lejos
La cena y el viejo con ojos luminosos


“Actuar es amar es hablar es callar es actuar es amar es ...” :
dj buenmozo.



Maria Silva


Hay una mujer, la vi
joven, viva, lejos
en disección, papá
llegamos, falta mucho?
Me prometiste una sombrilla
un verano en el mar
no tengo lentes de sol, es mentira
que junto caracoles
botellas rotas o cicatrices
yo quiero un frasco
para guardar sus pulmones.


Me retaste encontré tres hermanitas
huérfanas en el living
la del medio medio loca y todas
vestidas iguales, con el hilo
rojo que me regalaste
les cosí las manos, ahora son
muñecas plegables
de esas tontas que no saben
decir mamá, gritaste guardalas
en el placard con llave
me tenés harta, no puedo
dejarte un minuto sola, sabías
esta tarde tenemos invitados
y vos
juntando porquerías.

Cuento los días, hace diez
era buena, ella servía el té
demasiado caliente
no quema, limpia
la lengua sucia, yo le dije puta
vomito de a uno
granitos de arroz
y las rodillas ahora
negras como
rinocerontes aunque
todavía no
huelan así

No sabés, te cuento, yo duermo
con un revólver bajo la almohada
listo, lleno de balas, nos protege
de esta nena tan chiquita que mira
todo el día por la ventana, se prueba tu ropa, apuesto
quiere robarla, irse de viaje
dejarnos solas, odia
la comida que le preparo no le gusta
y sueña
con ese traje amarillo con vos
hermosa en el portarretratos
al lado de ese hombre en Viena
los dos tomados de la mano.


No quiero engañarla de todos
la elegí, le salvé la vida
en la perrera con esos ojos negros
llenos de legañas, entre nosotras hubo
un buen rapport
me imaginé cada mañana
a mí con un deshabillé a cuadros
y mis uñas largas limpiándole
los ojos, contándole
de los doscientos murciélagos
que el año pasado maté, ratas con alas
esos animales se comunican
nocturnos y negros, guardo uno
en el fondo de casa, miralo
a él lo maté a vos te peino
te preparo para ser
una dulce compañía.

Esto ofrezco: un traje de enfermera
cofia de novia, veneno para ratas
sangre joven que no cura, ella
flaca y enferma, la señora ya no come
no pasa bocado, algo
el deseo, acariciarla
crece de mis manos
gangrena
ella siempre sabe todo, dice
hay que amputarlas, sé buena
tesoro acercame
las tijeras más grandes.

Una vez, distraída sin querer
te cortaste los dedos
salía sangre
lima roja, alicate plateado
para uñas y ojos
nosotras
cómo nos reímos
de día a plena
luz del sol
festejo en el baño
todo es rojo
entre platos y tazas
voy a esconder el alcohol
el algodón no.

Nena no te invito a ser
de esos que velan
alrededor de mi cama, no tenés
no quiero, no voy
a llevarme esa
cara tuya al más allá
aunque llores o la untes
con manteca, la sirvas
en un plato rojo: puré
corazón
es falta de amor y qué
creció
en el centro
algo duro muy compacto
que me impide tragar.

La señora se fue, ay señora
mi señora qué será
de la vajilla esa brillante
jerarquía de metales
plateados que acechan
dientes en fila
dentro del armario también
copas y platos, dos manos
tengo para algo tan
fácil de romper
que se astille y deje
todo lleno de ruiditos total
ya no vamos a comer.

Robaste
todo y nunca
eso que prometiste, sigo
casi ilesa, guardo
todo en su lugar, tu muerte
en una caja redonda
con olor
a bombones todavía
si llave, te juro
que cierra
bien mientras espero
las cintas
largas y adhesivas
vida mía
que heredé.

De noche las cosas son así, hacen una fiesta en su casa y no cuidan nada, comen
la comida que dejó, no están tristes, festejan. Una fiesta il est beau
mon fils, sauf quand il fait des bêtises.

Su casa tiene paredes de piedra
toda la noche esas paredes
limpias, que se muera
el que las manche.

Mi mamá va a buscar a la casa su vestido de novia
quién le dio las llaves: -¿ Mercedes por qué
tenía tu vestido?
-Iba a muchas fiestas.
-Es un vestido de novia.
-Lo combinaba con un pañuelo rojo
-No es el que usás en las fotos
-Es el mismo.

Ella aparece enferma en otro lado, una serie de casitas muy pequeñas y sucias, también cerca del mar. Una mujer que no conozco y yo la cuidamos, está acostada, no habla. Una y otra vez pensamos que se muere y una y otra vez se vuelve a mover. Hay una sola ventana, alta. Yo alterno entre Mercedes
y la ventana. Estamos
en una ciudad balnearia, es verano. Vuelvo
después de un tiempo, ya está muerta, no puedo
reconocer
la casa, son todas iguales.

No dije algo: ella no tenía piel
y no podía
morir si la miraba
Dejala ir
Nunca

Aparezco en una peluquería, en la pared pegada con chinches la imagen de una mujer gigante y vieja. Pelo corto, rubio y ondulado. Pienso: en cualquier momento me habla o vomita. Siete secadores de pelo están en línea vacíos con sus respectivas sillas. Todo beige. Elijo el más cercano a la puerta, me siento y en lugar de revistas encuentro los cuadernos que Mercedes quiso darme. Despierta no los pido, están ahí, con espiral, tamaño oficio y rayados, son míos.



Laura Arnes


Tatuajes (Selección)

teníamos sólo el instante
y los cientos de siglos que nos acompañaban


en la cama
discutiendo religión
(y yo solo queriendo escalar tus piernas)
minutos absurdos
la cuenta regresiva
disparada
las bocas enemigas
palabras minando el aire

“no creo en Dios”- dije para terminar y
citando a una poeta: “pero amo a la hija imperfecta”
esa noche no hice el amor y
como la originalidad en esos casos nunca es mucha
dormí en el sofa


me vió a traves de alcoholes
mientras buscaba tocar
mi pierna llena de sol y enojo
mi pierna convertida en un borrón
y mis palabras
humo
la arena testigo
del hilo de pis cor
rie
nd
o
en su pierna
(y decenas de ojos-vampiros atentos
a la pelea entre mujeres)
levanté mis cosas y me fui:
Ahogáte en tu cerveza
o un tatuaje en su piel


Putas de Copacabana

Ojos de noche y
Pollera corta estan en la esquina.
gesto cansado de quien
vende sexo
la frente alta
(fue una elección)
Manos de gato no puede esperar
a que salga el sol
su piel ya tiene demasiados tatuajes
de lunas y hombres
necesita el abrazo
de su mujer
escapar
en un orgasmo
mientras la besa



Raul Edgardo Naidich (octubre 1997)

ºººººººººººº SEÑORA ºººººººººººº

Querida Señora de ojos pétreos,

que todo lo miras y todo lo juzgas,

Tu has marcado mi existencia,

con esa mirada que me lastima.

Cuando muy tierno a la vida surgía,

supiste castrar mis íntimos deseos,

con un poco de culpa y mucho de vergüenza.

Cada vez que quise amar libremente,

siempre me decía, tu presencia,

que era lo adecuado y que lo pervertido,

inmoral, perverso e inconveniente.

Y siempre tu estabas, Señora mía,

nunca dejabas que surgiera,

lo que realmente yo quería.

Pensaba en varones que me protegieran

deseaba amores que usted censuraría.

Cuantos desvelos, demasiada energía,

absurdamente aplicada a sostener,

lo que supuestamente tu desearías.

Pero corté las amarras, solté los lastres,

he blanqueado todo lo que sentía,

y me entrego a disfrutar la alegría

de saber que no habrá más mentira.

Le he pagado el mas alto precio,

con buena parte de mi vida.

Puedes partir, o puedes quedarte,

querida Señora, ya no es cosa mía.

No me siento sucio, tampoco en soledad.

Hasta siempre mi querida Dama,

hasta nunca, Señora Sociedad.