<---volver

Nugae, Teoría de la Traducción. Leonor Silvestri. Editorial Simurg. 2003.

En “El monolingüismo del otro” Jacques Derrida afirma que la lengua es la lengua de la Ley y que cualquier persona siempre habla en los términos que la Ley impone. En estos términos podría pensarse a la Ley como lengua. Por ese motivo desconfía de la lengua. Al mismo tiempo, en tanto dos proposiciones son contradictorias en sí mismas y contradictorias entre sí, afirma que “nunca se habla más que una sola lengua”y que “nunca se habla una sola lengua”.

Más cerca de nosotros estaba Alejandra Pizarnik cuando escribía “la lengua natal castra / ... / y nada es promesa / entre lo decible / que equivale a mentir / (todo lo que se puede decir es mentira) / el resto es silencio / solo que el silencio no existe”. En Nugae el silencio no existe.

Leonor Silvestri trabaja en sus poemas desde esa imposibilidad y esa contradicción. Contra = opuesto a la dicción, a lo que es posible decir. Por eso, reinventa sus poemas de acuerdo a la lengua que utilice para escribirlos: por la imposibilidad de callar la lengua y por la contradicción que una sola lengua implica, decidiendo utilizar entonces dos. Dos versiones de cada poema, una en castellano y otra en inglés, pero sin la certeza de cuál es la versión original y cuál su traspaso al otro idioma. Más bien, un complemento el uno del otro y a la vez el mismo (casi) campo semántico para ambos.

Podemos hablar en este caso de “traducción”? Si el mero paso o translación de un idioma al otro nos alcanzara para hablar de traducción, este libro no sería el mejor caso para ejemplificarlo. Los juegos del lenguaje que están inscriptos en su poemario disparan significaciones diversas a la otra versión del poema. Agregados, inserciones, desapariciones que operan sobre el poema transformándolo, enfrentándolo contra sí mismo en un juego de espejos.

La imagen del espejo nunca es fiel al objeto reflejado. Leonor quiere desplegar esa imagen infiel tomando como pretexto el objeto que refleja. La imagen infiel como retrato. Poemas como retratos: titulados con el nombre de diversas personas / personajes de los cuales nos devela una faceta, una impronta, un recorte que (es inevitable) no es la imagen del original.

El retrato como traducción del otro, un modo de hacernos entender la visión de artista que Leonor aplica cuando observa poéticamente su objeto, su referente. Lo tangible (la acción o la imagen de esos personajes) traducido en palabras. Y las palabras traduciéndose a sí mismas en otro idioma como imagen infiel también en este caso, pretendiendo decir lo mismo y sin embargo diciendo algo distinto, de manera distinta, distorsionando el referente.

Personajes como objetos, poemas como objetos. Adorno dijo en su Teoría estética que la obra es tanto contenido como forma y que ambos se determinan mutuamente. El libro es un sólido trabajo de traducción pero no en el sentido convencional: es el paso del mundo (entendido como eso tangible, los personajes, lo observado en ellos) a la lengua y de ésta a otra lengua de traducción, en una operación que nos indica que la percepción tiene más aristas de las que suponemos y la obra puede estar constituida por formas y contenidos maleables como un magma que entra en cualquier molde.

Walter Ch. Viegas